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Sindicatos por la igualdad de género

Cuatro jornadas con diferentes ejercicios. Participaron casi 200 delegados y algunas delegadas. La Uocra fue el primero en aceptar el desafío. El curso lo organiza el Area de Género del PNUD.

La  equidad entre varones y mujeres en el mundo laboral llegará recién dentro de 70 años si persiste este ritmo de avances, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo. Con este diagnóstico como telón de fondo, ocho sindicatos buscan desarmar el machismo entre sus delegados (y también, delegadas) con un curso de formación, donde se pone el eje en “nuevas masculinidades” y la incorporación de la perspectiva de género en las negociaciones colectivas y en discusiones por demandas gremiales. “Convocar a los hombres para este tipo de formación es un gran desafío. Es más fácil desde el mismo ámbito de pertenencia. Esa es una de nuestras recomendaciones”, señaló a PáginaI12 Andrea Balzano, coordinadora del Área de Género del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Argentina, una de las patas de este proyecto. El sindicato de obreros de la construcción (Uocra), fue el primer gremio que aceptó el desafío: en un hecho inédito en el país, participaron de la capacitación casi doscientos delegados –y algunas pocas delegadas– de la ciudad de Buenos Aires, el conurbano, San Juan, Misiones, la ciudad santafesina de San Lorenzo y la cordobesa de Río Tercero. Al inicio del curso, de cuatro jornadas, el 52 por ciento de los participantes pensaba –erróneamente– que la igualdad entre hombres y mujeres ya había sido alcanzada, mientras que al final solo el 26 por ciento sostenía esa afirmación.

La reflexión a partir de distintos ejercicios con juegos, cuentos, fragmentos de películas y canciones, permitió también que cambiaran otras percepciones. Por ejemplo, el 54 por ciento consideraba que el hombre es el principal encargado de proveer económicamente (traer la plata y el sustento a la familia) pero al final sólo el 34 por ciento defendía esa creencia. Y la proporción de personas que pensaba que el trabajo más importante de la mujer es cuidar a sus hijos y encargarse de las tareas de la casa bajó del 32 al 22 por ciento. El 46 por ciento decía que el género era tema de mujeres. Al finalizar la formación, ese porcentaje bajó a 37 por ciento, detalló Balzano.

“Se generó un espacio de reflexión que quienes participaron del curso terminaron agradeciendo”, comentó a este diario Celeste Alvarez, coordinadora de Programas para la promoción de la equidad, de la Fundación Uocra, otra de las patas de la iniciativa.

–¿Por qué la OIT calcula casi un siglo para alcanzar la equidad de género en el trabajo? –preguntó este diario a Balzano.

–Porque estamos trabajando solo con una parte: las mujeres, y quienes están masivamente en los puestos de decisión son los hombres y no los habíamos podido incorporar como aliados.

El proyecto surgió en el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social –durante la gestión kirchnerista y tuvo continuidad con el cambio de Gobierno–. Fue impulsado por la Fundación Uocra y distintas agencias, fondos y programas del Sistema de Naciones Unidas en el país.

Como primer paso, se elaboró un manual para usar en capacitaciones de formación sindical que se llama “Comprometidos con la igualdad. Guía de acción para delegados y delegadas sindicales”. Su objetivo es favorecer la incorporación de la mirada de género desde el enfoque de la construcción social de las masculinidades. “Aporta un encuadre conceptual y recursos didácticos para el desarrollo de actividades de formación en el ámbito sindical”, explicó a este diario Nora Golen, quien al inicio del proyecto se desempeñaba como asesora en Género en el Ministerio de Trabajo, hasta que llegó el macrismo, pero continúa como coordinadora del equipo docente, desde su pertenencia académica a la Universidad Nacional de José C. Paz, donde es rectora del Instituto de Estudios Sociales en Contextos de Desigualdades. “Las relaciones de género son culturales, no son naturales. No son justas, además, son desiguales: ese es un concepto clave que queremos transmitir”, señaló Balzano. La guía está elaborada desde un lenguaje amigable para facilitar el acercamiento a los contenidos, que van desde la definición del concepto de género hasta los tratados internacionales, incorporados a la Constitución Nacional, que reconocen los derechos de las mujeres, la división sexual del trabajo, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, los mandatos de género y cómo cada uno de esos temas impactan en la selección de personal, en las condiciones de trabajo, más precarias, para ellas, en sus posibilidades de crecimiento laboral. También se aborda las identidades de género, las orientaciones sexuales y el problema de la violencia machista, con sus distintas caras, entre ellas la violencia laboral.

En el manual se puede leer en un recuadro naranja, destacado: “Muchas veces se piensa el género como sinónimo de mujer. Sin embargo, así como un director de teatro indica a sus actores el papel de cada personaje a representar, y espera que así sea cumplido, cada sociedad espera de varones y de mujeres diferentes comportamientos, roles y actitudes. La masculinidad es el papel de género que les toca cumplir a los varones”. Y más adelante se sintetiza: “Una de las principales características de la masculinidad patriarcal o hegemónica es que exige al hombre demostrar constantemente ‘lo macho que es’, sin importar que ya tenga fama de ‘hombre hecho y derecho’. ¿Cómo debe demostrarlo? Ejerciendo todo el tiempo su poder sobre las mujeres y otros hombres, ganando dinero, enfrentando peligros, negando el miedo, escondiendo los sentimientos, ostentando la potencia sexual en definitiva, mostrándose como si tuviera una armadura de hierro. Esta exigencia pone en juego su ‘hombría’ constantemente.”

Para ver si la guía era efectiva para modificar creencias arraigadas, que sostienen el machismo en el hogar y en los lugares de trabajo y espacios gremiales, se sometió a una serie de consultas con delegadas y delegados, en una serie de jornadas de validación de contenidos, explicó Balzano. Además, conformó un equipo docente con personas especializadas en cada módulo, destacó Goren.

El sindicato de trabajadores de la construcción fue el primero que participó de la capacitación a partir de la guía. De sus 450 mil afiliados, apenas el 1 por ciento son mujeres. En total, fueron 181 delegados y delegadas de base –casi 9 de cada 10 varones– quienes se sumaron a la propuesta. “Se hicieron 7 cursos, de 4 mañanas cada uno, en distintos puntos del país, entre agosto y diciembre de 2016”, precisó Álvarez, de la Fundación Uocra. Las capacitaciones se replicaron en la ciudad de Buenos Aires, conurbano norte y  oeste, y en las ciudades de San Juan, Posadas, San Lorenzo (Santa Fe) y Río Tercero (Córdoba).

En un ejercicio se les pregunta qué piensan si una madre se va a tomar el té con sus amigas y deja a su hijo, que está enfermo, al cuidado de su esposo. “Mala madre fue lo más sutil que dijeron. Esa escena los enojó mucho. Pero les permitió ver qué pasa cuando ellos dejan a un hijo enfermo en su casa al cuidado de la madre, cómo su percepción es distinta: no son malos padres”, indicó Goren.

Como continuación de esa primera experiencia, este año la OIT, el PNUD y la Fundación Uocra hicieron un curso “formador de formadores”, con 28 referentes de otros diez sindicatos (Luz y Fuerza, UATRE, UPAC, UPCN, UTEDyC, ATE, Suterh, Aefip, FAECyT y Cgtra-Sicendia), con 5 encuentros de 5 horas cada uno, con el compromiso de replicarlo en su gremio con asistencia técnica del equipo de docentes y entre al menos 15 personas. Las réplicas ya están previstas en 8 de los gremios. Un objetivo central de las capacitaciones es incorporar la perspectiva de género en las negociaciones colectivas, en cada sector. Y para eso, los participantes deben analizar cómo son las cláusulas en el convenio colectivo que rige para su actividad en relación a una serie de ejes, entre ellos, la conciliación de responsabilidad de la vida familiar y el trabajo para varones y mujeres; las condiciones de acceso, permanencia y posibilidad de crecimiento; los salarios y la protección de la salud y seguridad en el trabajo.

“Si querés atacar la desigualdad de género tenés que apuntar al ámbito laboral. No sólo queremos igualdad salarial, queremos que se valore nuestro trabajo como corresponde”, resumió Goren.

Fuente: Pagina 12

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