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Argentina. Enfoques cooperativos, Hoy: Ese oficio llamado “maestro/a de escuelas”

Ese oficio llamado maestro/a de escuelas que conlleva la enseñanza, ese arte, esa ciencia, esa técnica, esa relación tan noble se aprende en el aula con los educandos. He allí el inmenso valor de volver a la escuela, es volver a repasar todos los aspectos de la educación y sus múltiples costados.

Por José Yorg, el cooperario.

 

 

“Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”. Eduardo Galeano

 

 

Como todos los años, como en todos los ciclos lectivos escolares desde hace más de 25 años, nos presentamos a la escuela antes de que nos asignen otras funciones, otras responsabilidades desde el Ministerio de Educación, en razón a nuestras especializaciones en cooperativismo escolar y universitaria, como también en Políticas y Programas Socio-educativos.

Por un corto periodo de tiempo, entonces, tomamos fuerte contacto con la vida cotidiana escolar, ese mundo lleno de laberintos, colores, ritmos y comportamientos disímiles, un mundo tan profundo pero tan frecuentemente acorralado por la rutina, la burocracia y los estragos negativos de los miserables salarios docentes, sumado a la precariedad económica que padecen la gran mayoría de los educandos.

Ese oficio llamado maestro/a  de escuelas que conlleva la enseñanza, ese arte, esa ciencia, esa técnica, esa relación tan noble se aprende en el aula con los educandos. He allí el inmenso valor de volver a la escuela, es volver a repasar todos los aspectos de la educación y sus múltiples costados.

Esa relación entre el maestro/a y sus alumnos/as  está fuertemente tejida por muchos momentos en que se evidencian alegrías, enfados, estímulos y también decepciones y tristezas, todo es intenso, todo está atravesado por emociones y sentimientos que nos marcan como personas humanas en  vinculación. Parte de nuestra personalidad se construye en la escuela, en el aula, en los recreos y sus juegos  y  bullicios, en las galerías, en las formaciones…

Pero también debemos subrayar que por mucha vocación de enseñar que uno tenga, la miseria y la pobreza terminan afectando al docente y a los niños/as. El desarrollo de una Nación depende de la educación: si no formamos cuadros educativos que puedan aportar en las ciencias, las artes, la industria, la producción, ¿Cómo vamos a superar los problemas sociales?

Al momento de participar de los debates y coloquios sobre la educación emergen estos elementos que articulan el proceso enseñanza-aprendizaje y nuestra mirada es entonces  contestataria, a la rutina, a la burocracia, a las formas rígidas de establecer la vida institucional, el método, los contenidos, porque simplemente aprisionan alternativas pedagógicas innovadoras.

Si el maestro/a tomara la palabra dirigida al mundo, sería, estamos seguros, un grito a favor de la vida en sociedades construidas en justicia social porque eso ayudaría a enseñar y aprender en fraternidad, en cooperación, liberando talentos, construyendo el ser humano auténtico, respetando la naturaleza, respetando nuestro mundo llamado Tierra.

Tal vez pudiéramos decir: ¡Escuchen a los maestros/as!

Con sus palabras, con sus vocablos especiales, expresarían sus anhelos porque ellas están llenas de vivencias e historias de nosotros mismos como alumnos, como niños que fuimos alguna vez, nos hablarían del saber pedagógico, y las reflexiones que  realizan sobre su oficio, muchas veces silenciado.

Por la secuencia de cuanto escribimos hasta aquí y  que tiene relación con el contexto de políticas neoliberales, traemos a colación lo que alguna vez expresamos en base a lo que bien nos ilustra la gran pedagoga argentina Adriana Puiggrós: “Nuestros niños/as y jóvenes, los adultos y los ancianos, viven inmersos en un discurso que incluye, subordina y usa nuestros símbolos, nuestras tradiciones, nuestra lengua, a los fines de consolidar la hegemonía del capitalismo en la más salvaje de sus etapas”.

Pero la humanidad sigue su camino constructivo de un mejor mundo, ese mundo podría ser un mundo cooperativo, porque  no existe ninguna posibilidad de claudicación en estos asuntos, a menos que se trastoque completamente el medio ambiente y la especie humana desaparezca.

¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!

Fuente:

Joss Yorg

 

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