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Los sacrificados son los otros

Por Mario Wainfeld

El ministro de Energía, Juan José Aranguren, se sentó en los dos lados del mostrador para negociar con las empresas petroleras. Laudó a favor de estas en cuestión de horas: habrá aumentos de combustibles en junio y julio. Se habían pospuesto, de común acuerdo, pero esas corporaciones famélicas no pueden esperar. En octubre, pongalé la firma, volverán por más.

Menos tiempo y menos cabildeos precisó su par de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, para acodarse a ambos lados de la mesa y ahorrarles a las exportadoras agropecuarias una módica suspensión de la baja de las retenciones.

Ambos salieron satisfechos de los cónclaves porque son gente del palo. El conflicto de intereses dejó de ser problema para ellos: ya se sabe para qué arco patean, cuando hay simulacro de partido.

Garantista en materia penal y ajeno a la moda de criminalizar todo, esto cronista se abstiene de momento de analizar si delinquen, ya que las medidas mejoran sus patrimonios personales. Eso sí, para cualquier noción de ética pública su conducta es repudiable.

Como fuera, el presidente Mauricio Macri anuncia que habrá sacrificios y austeridad mientras su equipazo reparte exenciones.

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La inflación en tres años de macrismo rondará el 100 por ciento, el naftazo y las subas del transporte robustecen la tendencia.

En la Casa Rosada bufan porque la oposición parlamentaria se une para votar contra el tarifazo mientras docentes, trabajadores formales o informales confluyen en movilizaciones. En verdad, la dirigencia política se despertó tarde, sacudida por la protesta social. Sobran motivos para exigirle cambios a Macri.

Desde la clase media para abajo, son abrumadora mayoría los argentinos que no pueden llegar a fin de mes. Distintos niveles de vida o hábitos de consumo, un descenso conjunto compartido, aunque no idéntico.

El oficialismo pide sangre, sudor y lágrimas, pero deja intactos a sus aliados de clase. Solo “ahorra” en autos oficiales, un viejísimo camelo que rinde poco.

Renuncia a aumentar la carga fiscal a quienes provocaron la corrida cambiaria o se beneficiaron con ella mientras la emprende contra los empleados públicos.

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Agrava el cuadro la ausencia de políticas contracíclicas. El kirchnerismo atravesó tiempos de malaria, con devaluaciones y crecimiento escaso, pero lo atenuó mediante un abanico de medidas o programas.

El Repro, manejado por el Ministerio de Trabajo que subsidiaba sueldos de empresas en apuros para evitar despidos.

Progresar,el programa de ingresos para jóvenes de entre 18 y 25 años dispuestos a estudiar o capacitarse laboralmente.

Procrear, créditos blandos para primera vivienda.

Precios Cuidados, para regular valores de artículos de primera necesidad.

El macrismo hace a un lado dichas herramientas, en buena medida porque ha desmantelado las estructuras estatales que las sustentaban. Además, porque son ajenas a su imaginario, su voluntad, nos tienta decir su libido.

El darwinismo del mercado se despliega sin frenos ni retoques. Sus víctimas son millones: la comitiva se engrosa día tras día.

La relación entre el precio del pan y la carne versus los salarios merecería un abordaje de economistas serios. Con datos concretos aunque dispersos este cronista cree que está en sus peores marcas históricas.

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En una entrevista radial, que se cita de memoria, el sociólogo Emilio Tenti Fanfani formuló una precisión sobre cómo leer las mutaciones de preferencias de las clases sociales.  En la vida, en la política, no se debe mirar exclusivamente el lugar en el que está cada cual sino también la trayectoria previa.

Un pobre en ascenso es, por lógica, optimista, mira al futuro sin aprensión, tiene la autoestima en alza. También es políticamente positivo y más proclive a convalidar gobiernos que a deponerlos.

Cualquier persona que rueda cuesta abajodeviene escéptica, enconada, opositora en concepto.Los amesetamientos, agrega uno, embroncan a quien se había acostumbrado a mejorar.

Quienes analizan la relación del kirchnerismo con “la clase media” en especial deberían tomar nota. Las oscilaciones ayudan a explicar los vaivenes electorales en 2007, 2011, 2013 y 2015 en particular.

Tal vez el macrismo, que gozó del favor de clases medias, esté bebiendo una pócima similar. El sacrificio no imanta apoyos. La disparidad en el esfuerzo, cada día más patente, seguramente los ahuyenta.

Fuente: Pagina 12

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