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Universidades en riesgo ante la falta de financiamiento

Por Laura Alonso *
Al 10 de diciembre de 2015 la política del Estado hacia el sistema universitario contaba con varios desafíos, uno de ellos era el de mejorar la relación ingreso, permanencia y graduación. Lejos de ser el único, podemos agregar el estratégico vínculo entre universidad y escuela media, mediante el desarrollo de programas que articulaban ambos subsistemas, facilitando el pasaje de los estudiantes de uno a otro; continuar la mejora de capacidades de gestión institucional de las universidades; profundizar el desarrollo de nueva infraestructura o las políticas de investigación, transferencia, vinculación y extensión, así como las de igualdad de género hacia adentro del sistema y las de deporte universitario. Como toda política permanente en el tiempo, hasta el 10 de diciembre de 2015, cada nuevo logro implicaba plantear nuevos desafíos.
Ahora bien, el escenario al que nos enfrentamos desde esa fecha hasta julio de 2018 cambió drásticamente. Hoy estamos en una situación de desfinanciamiento brutal del sistema cuya consecuencia es que las Universidades corren riesgo de no poder funcionar en el segundo semestre del año. La causa de ello obedece a los recortes presupuestarios pero centralmente a la subejecución. Por ejemplo, el programa Fundar del ministerio de Educación lleva devengados a julio sólo el 4,7% del presupuesto establecido para el semestre. Si a ello le sumamos que de las obligaciones del Tesoro Nacional no se transfirió ni uno de los casi 4000 millones de pesos presupuestados para el semestre no es difícil comprender que las universidades están siendo ahogadas financieramente.
Pasamos en un cerrar de ojos del gobierno que decía que “nada de lo que está bien se iba a quitar” al nuevo paradigma de Estado puesto en palabras por la gobernadora Vidal: “nadie que nace en un hogar pobre llega a la universidad”, incurriendo en una doble mentira como fundamento del ajuste universitario.
Por un lado, argentinos y migrantes que eligen este país para vivir, que nacen en hogares pobres, llegan y se gradúan de la universidad, hecho confirmado miles (millones) de veces en la historia de la movilidad social ascendente argentina. A ello sumada la segunda mentira de la gobernadora: aun si no hubiera un estudiante proveniente de una familia pobre que haya podido llegar a la universidad, sin sistema público educativo tampoco podría hacerlo.

Lo enunciamos coloquialmente: sin universidades nacionales, partes significativas de la población quedarían condenadas a vivir en la pobreza y el país, a la reproducción inamovible de las desigualdades sociales.

Sabemos perfectamente que este gobierno no es afecto a trabajar por los desposeídos, pero sería importante que si no les gusta hacerlo por las clases bajas, sepan que las empresas, los gobiernos -en sus tres niveles-, las organizaciones sociales, es decir el tejido social, económico, cultural y deportivo que le da vida a un país, también se nutre de las universidades.
Estados Unidos de América, país admirado por figuras centrales de este gobierno, está superpoblado de universidades que son esenciales a la hora de desarrollar desde las industrias más innovadoras como las tecnológicas en California, hasta las  más tradicionales como las ligadas al sector de la Defensa. Pero no sólo de industria vive el hombre, el deporte universitario en los EEUU cumple un rol central en el plano formativo. El caso más paradigmático es el basquetbol, con la liga universitaria NCAA que es la base que luego nutre a la mundialmente reconocida NBA. Es más, en la mayoría de los deportes universitarios se promueve fuertemente la política de becas universitarias para jóvenes de sectores sociales postergados, por ello la gran presencia de afroamericanos practicándolos.
No consideramos que se deba trasladar el modelo del community college norteamericano al sistema de educación superior argentino. Nuestro sistema tiene una vasta y potente identidad basada en una tradición inclusiva y transformadora. Sólo utilizamos un ejemplo de un país caro al imaginario de la administración Cambiemos. El punto es comprender lo valioso y estratégico que resulta la inversión estatal en la educación superior, lo contrario a lo que no está haciendo el gobierno actual.
Nos gobierna una elite que no tiene empachos en darle ganancias extraordinarias a los que especulan con instrumentos financieros como las Lebacs, pero que a los docentes les ofrece un 15% de aumento, cuando la inflación del año va a ser, como mínimo, el doble.
Las universidades públicas argentinas, mal que le pese a la Alianza Cambiemos, son instituciones públicas vitales, democráticas, que en sus aulas forman a más de un millón y medio de hijos de nuestro pueblo. Pibes y pibas que en muchísimos casos son los primeros de la familia en lograr llegar a la universidad y graduarse.
Por ello es que si bien a fines de 2015 la política pública para el sector estaba llena de desafíos, también tenía saldos. Había ciertos temas como los gastos básicos de funcionamiento que incluyen desde los salarios de las trabajadoras y los trabajadores docentes y no docentes hasta el pago de servicios como electricidad, agua y limpieza que ya habían dejado de ser un problema.
Las recientes manifestaciones públicas de organismos de gobierno autónomos de universidades como UTN, con sus más de 30 regionales distribuidas en todo el país, la Universidad Jauretche como representación de una nueva y concurrida universidad del conurbano bonaerense o la del Comahue, en donde denuncian el ahogo y la incapacidad de funcionar en estas condiciones, son un botón de muestra de la gravedad de la situación.
En Comahue, universidad ubicada centralmente en Neuquén pero con sedes también en Río Negro y Chubut, hasta el propio gobernador de Neuquén, de quien no se pueden sospechar simpatías ni con el partido Justicialista, el Frente para la Victoria o Unidad Ciudadana, se ha manifestado públicamente para denunciar la situación a la que Nación somete a la Universidad.
Es imposible soslayar el 100° aniversario de la Reforma Universitaria que se cumplió hace apenas unos días y cuyo legado fue una fuerte impronta democratizadora del sistema. Este hito, reforzado por la gratuidad de los estudios universitarios sancionada por el General Perón en 1949, sentaron las bases para una transformación de fondo. Un sistema cuya base y punto de partida es que la educación superior es un derecho y que como tal debe estar garantizado por el Estado. Sobre esa memoria se construye el presente y el futuro de nuestro sistema. Allí su vitalidad e identidad.
Frente a los ataques constantes de este gobierno, el desfinanciamiento a las universidades y organismos de ciencia y tecnología, les decimos lo que dijeron un grupo de estudiantes hace cien años: “Los dolores que nos quedan, son las libertades que nos falten”. Son nuestras convicciones para seguir luchando por un país más justo y soberano.
Mientras nos seguimos organizando para dar esta pelea, le exigimos a la administración Cambiemos que modifique con carácter urgente esta situación autoinflingida. Sin educación no hay presente ni futuro. No estamos dispuestos a regalar el destino de nuestra Patria.
*Diputada nacional de Unidad Ciudadana. Ex subsecretaria de Políticas Universitarias.
 

Laura V. Alonso

@lauValonso

Recién charlamos con la gente del programa Contacto Universitario de @radioulaplata sobre la situación de las Universidades Nacionales ante el desfinanciamiento del Gobierno Nacional.

Escucha la entrevista completa! 👇https://radiocut.fm/audiocut/diputada-nacional-lauvalonso-uniciudadanaar-sobre-el-ajusteeducacionpublica-universidata/#f=cut&l=related 

Fuente: Laura V. Alonso – Radio del Plata 

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