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Afuera es noche y llueve tanto

Postal de época en La Rural. Los que festejan y los expulsados. Nuevas-viejas misiones para las Fuerzas Armadas. Maldonado, Nahuel, el DNU antiinmigrantes: un modelo integral. Patricia Bullrich amenaza, la represión anticipada. Movidas contra el ajuste en Buenos Aires, mientras Vidal mira.

La Sociedad Rural eleva el canto a los ganados y a las mieses. El primer toro campeón que ingresó en 2008 se llamaba “Cleto” en homenaje a los supuestos atributos del entonces vicepresidente Julio César Cleto Cobos. Ahora, eligieron otro nombre que hizo sufrir a los argentinos: Mbappé. La primera ternera nacida en la Exposición fue bautizada como “Pituca”, confesión de parte que releva de prueba.

Las clases dominantes se ensimisman y autocelebran. “El campo” se autonominan, dejando afuera a los trabajadores (record en empleo informal) y a productores que laburan, generan fuentes de trabajo.

Como es de rigor, del lado de afuera los interpelan. Verdurazo de quienes se describen como “el otro campo”: agricultores familiares de todo el país. Alrededor de 250.000 familias según los cálculos estimativos más serios reproducen la protesta en otras ciudades.

Reclaman porque el Gobierno deja a la intemperie a la Agricultura Familiar. Primero rebajó su rango en el organigrama del Ministerio de Agroindustria hoy a cargo del ex capo de la Sociedad Rural, Miguel Etchevehere. Las grandes entidades copan todo y desfinancian la actividad. Para colmo, dejan sin efecto el monotributo social agropecuario. Su vigencia permitía a pequeños productores acceder a derechos básicos como jubilación y obra social. También vender “en blanco”, facturando. lo que ampliaba sus potenciales mercados.

La movida procura ahorrar 30 millones de pesos al año, cifra irrisoria comparada con lo que se obtendría suspendiendo la baja de las retenciones a la soja. También nimia si se coteja con las canonjías que recibe la Fundación que preside el médico troglodita Abel Albino. O la que se pagaban a la sociedad que integraba Dante Sica, antes de ser designado ministro de la Producción.

El rótulo de “agricultura familiar” comprende otras actividades: la ganadera, la piscicultura. La principal es la agraria que según datos irrefutables de la FAO provee el 60 o 70 por ciento de las frutas y verduras frescas en Argentina y en otros países.

La agricultura familiar es mano de obra intensiva, produce alimentos a precios accesibles para el mercado interno, arraiga a las familias al suelo… al equipazo de Gobierno no le interesa. Es la ideología, estúpido. No los “comprenden” como sector productivo con funcionalidades sociales, identitarios, una digna impronta cultural. Los encasillan en base a esquemas economicistas: si se mantienen a niveles de subsistencia son “pobres”. Con suerte, les cabe asistencia o compasión: encajan en la competencia de Desarrollo Social. Si les fuera mejor les cabría el desafío de ser competitivos sin apoyo estatal, en los términos primitivos del presidente Mauricio Macri: lo que importa es exportar. Quienes no exportan, no importan. Traducimos en versión libre el neolecto de Macri, inspirado en Chauncey Gardiner, al fin y al cabo un agricultor exitoso.

“El otro campo” queda excluido del proyecto económico, protesta extramuros de la celebración del establishment.

La industria cae en picada, el empleo público se sisa a diario. Los nuevos puestos de trabajo, insuficientes, son preponderantemente informales o de monotributistas. El Gobierno desamparaa una virtuosa variante de estos:los sociales. De nuevo, no importan.

Las derechas acá y en el resto del mundo fragmentan a las sociedades. Las nuevas formas de exclusión se edifican de modo brutal: muros, fortalezas, prisiones para migrantes. Ejercen una violencia cotidiana, cuyos límites son demarcados por quienes la resisten. En Ceuta, en toda Europa, en Estados Unidos de Norteamérica, en Libia con gigantescas variaciones producto del color local pero con atroces características comunes.

En la Argentina también se consigue aunque los excluidos de hoy conservan memoria, organización y derechos que ejercían hasta hace poco. Resisten.

La latente “necesidad” de represión hace agenda, el decreto presidencial 638/2018 sobre las Fuerzas Armadas (FF.AA.) sin ir más lejos.

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Maldonado, Nahuel, 638, su ruta: El primero de agosto se cumplirá un año del operativo ilegal de Gendarmería que terminó con la muerte violenta de Santiago Maldonado. La narrativa oficialista la atribuye a formas inverosímiles de brutalidad mapuche o a un sumergimiento voluntario y suicida de la víctima en el río casi helado.

Los tribunales federales y la gran prensa siembran pistas falsas desde el inicio y obstruyen que se explore la hipótesis más creíble: Santiago murió como consecuencia directa de la agresión de los gendarmes, instigados desde el Poder Ejecutivo, enfurecidos.

El 25 de noviembre de 2017 Rafael Nahuel fue asesinado por la espalda por integrantes del Grupo de elite Albatros de Prefectura. La causa del homicidio está probada, identificado el autor del disparo letal… los tribunales remolonean. La presunción se invierte cuando el crimen está acreditado: es el sospechoso quien debe probar atenuantes o eximentes. Hasta que esto no ocurra, es presunto homicida calificado y le corresponde el consiguiente tratamiento penal y carcelario… salvo en Macrilandia y su Poder Judicial donde campea la impunidad.

Prefectura y Gendarmería son dos fuerzas armadas federales que cumplen, entre otras, funciones específicas de seguridad interna. Su presencia, la alta dotación de la Policía Federal y la Bonaerense son algunos motivos que descalifican al decreto 638 firmado por Macri, que faculta y dirige a las Fuerzas Armadas a tareas de Seguridad Interior.

Hay objeciones más graves. El disparate contradice años de consenso democrático, de “políticas de estado” en sentido opuesto.

La FF.AA. entran a la reforma sin calificación especial, sin tropa suficiente. Sin (todo lo indica) voluntad de los altos mandos de sumergirse en la degradante lucha contra el narcotráfico. No da la impresión, tampoco, que a las cúpulas castrenses les fascine articular con Gendarmería.

La iniciativa contribuye al alineamiento lineal, pavote, repetido, “carnal” con las políticas del Departamento de Estado, la DEA y la CIA.

Incluye un mensaje amenazante a quienes ejercen el derecho de reclamar a las autoridades por vía de la acción directa.

El alcance concreto de la novedad es, hasta hoy, impreciso. Se ignora cuántos soldados se desplazarán a qué fronteras, con qué tareas. O cuántos gendarmes podrán relocalizarse en los Conurbanos para hacer de policías afectados a reprimir la protesta social.

El gobierno se tapa ojos y oídos ante la abrumadora evidencia de la tragedia que causaron acciones similares en México y en Colombia,

Las movilizaciones de protesta ante el Ministerio de Defensa en la Ciudad Autónoma y en otros escenarios en todo el país pulsaron un nivel de rechazo elevado. No sorprende, catorce meses después de la formidable reacción social que forzó a la Corte Suprema y al Congreso a anular la nefasta sentencia que concedió el 2×1 a represores. La Corte adeuda aún un fallo que contradiga el anterior, ya cuenta con tres votos sobre cinco: el juez Horacio Rosatti retractará su posición anterior, mientras la jueza Elena Highton de Nolasco cavila si modificar la barbaridad que sentenció antes… pero el Tribunal sigue en mora.

La réplica social al 2×1 se destacó por el pacifismo, connatural a los grandes actos de masas. Con posterioridad a la sanción de la Reforma jubilatoria en el Congreso el Gobierno ha resuelto no agredirlos, no infiltrarlos con agentes de la SIDE, no provocar la reacción ciudadana. El macrismo captó que las reyertas, las agresiones a manifestantes inermes quedaban muy expuestas, aún en la prensa adicta. Y que el creciente descrédito de la política económica lo deslegitimaba para pegarle a los ciudadanos.

La prepotencia uniformada se “restringe” entonces a la vida cotidiana, a los lugares de trabajo en que se deciden despidos masivos.

Sobra señalar que el cuadro de situación es precario, puede empeorar en cualquier momento. Un oficialismo que fortalece los mecanismos represivos obliga a alzar la guardia.

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La xenofobia tan de moda: La derecha ramplona, elegida por vía democrática, avanza en Estados Unidos, Italia, Francia, Hungría, Polonia, Alemania, Argentina, Brasil y siguen las firmas.

Avasalla cuando dispone de margen, pero encuentra límites en derechos preexistentes o en colectivos que la enfrentan. Esas vallas son distintas según las realidades domésticas. Puesto en un ejemplo, muy simplificado: el presidente norteamericano Donald Trump puede acrecentar muros que construyó (o no demolió) su antecesor, Barack Obama. Puede ahondar las reglas represivas contra los inmigrantes o las sevicias en Guantánamo, porque siembra en terrenos arados antes.

Macri topa con más contrapesos para imponer su política antimigratoria, discriminadora y xenófoba. Le cuesta demoler la legislación ejemplar del kirchnerismo, que honró la tradición nacional de acogida y la mejor lectura del Preámbulo de la Constitución. Normas expeditivas para conceder ciudadanía y documentación, una ley señera como legado institucional.

El presidente esquivó al Congreso sin necesidad ni justificativo: dictó el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70/2017, avasallando derechos preestablecidos, instaurando deportaciones exprés, procesos administrativos sin derecho a defensa, cárceles para sospechosos o presuntos delincuentes. Macri queda relegado por Trump (no toda regresión es posible) pero implementa un retroceso grave.

Un numeroso conjunto de asociaciones civiles de inmigrantes y organismos de Derechos Humanos dedujo pedido de inconstitucionalidad. Tan aberrante es la norma que una Sala de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal (fuero market-friendly y Cambiemos-friendly) hizo lugar al planteo. La inconstitucionalidad finca en la herramienta escogida (DNU cuando corresponde ley) y en el fondo de la norma. Otra brasa que arde en manos de la Corte, pendiente para después de la Feria que termina mañana.

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Afuera es noche y llueve tanto: Junto a la legislación, el macrismo construye una cultura. El modelo de sociedad dual guarda coherencia con la economía pero la trasciende. El DNU 70/2017opera como incentivo para que la Policía apalee manteros, seres a quienes despoja de derechos.

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, primero instiga a gendarmes y prefectos. Si delinquen o “se exceden” los encubre o colma de elogios. En estos días inventó un nuevo enemigo interno, los golpistas sociales. Acusó-macarteó al dirigente Juan Grabois, incitando a la represión contra él o sus representados. O, aún, pre constituyendo una coartada para episodios futuros de violencia institucional.

La política oficial entre tanto, amplía el número de damnificados. La reforma de las asignaciones familiares castiga a gente común de “zonas desfavorecidas”. Su agresividad fuerza a gobernadores del peronismo dócil a quejarse: la fueguina Rosana Bertone, el salteño Juan Manuel Urtubey.

Las modificaciones al impuesto a las ganancias, los aumentazos de transporte anticipan que la inflación no cederá mucho aunque los gurúes de la City farfullen otra cosa.

La ciudadela de los privilegiados por el modelo M deja cada vez más personas, empresas, ramas de la producción y hasta regiones afuera.

La imagen de “los dos campos” en el predio de la Rural (currado al Estado nacional) podría ser una síntesis, un símbolo, una tentativa de explicar el todo mostrando una de sus partes. Si nos apuran, un panfleto clasista… claro que escrito y puesto en escena por el   establisment.

La gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, atraviesa un trance difícil y niega un acuerdo decoroso a los docentes (ver nota aparte). Nada serio se le escucha sobre los aportantes truchos a la campaña de Cambiemos en su provincia.

Se tomó un recreo. Fue a la Rural para gozar de la localía en un contexto acogedor. Dijo que “no hay Argentina si al campo no le va bien”. Por supuesto no se refiere al “otro campo”, al que el gobierno nacional deja a la intemperie.

Fuente: mwainfeld@pagina12.com.ar

 

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