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CRISTINA KIRCHNER De la Rural a la Vicepresidencia

Por Carlos A Villalba (*)

 

Cuando el escenario electoral estaba listo, con todos los estudios de opinión y encuestas

electorales indicando que, a cinco meses de las elecciones generales del 27 de octubre, la ex

presidenta Cristina Kirchner tiene una imagen positiva 15 puntos por encima de la del presidente

Mauricio Macri y 16 sobre la de Sergio Massa y parecía caminar hacia un triunfo en primera

vuelta… la principal política argentina del siglo dio vuelta el tablero.

Este sábado, cuando hasta la tapa de un semanario que se opuso y se opone a ella ya hablaba de

“cómo será” su futuro Gobierno -así, sin potencial-, la fundadora de “Unidad Ciudadana“ presentó

sus “reflexiones y decisiones” y anunció que Alberto Fernández será el candidato presidencial,

secundado por ella misma, que cumplió con su decisión de ubicarse “donde pueda ser útil", como

había anunciado cuatro días antes en la reunión de la Comisión de Acción Política del Partido

Justicialista, aunque no le creyesen. Había dado el segundo de los tres pasos hacia su instalación

electoral; el primero fue el jueves 9, cuando consolidó su posición en el centro del escenario

político a través de la presentación, en la Sociedad Rural, de su manifiesto escrito, concitando la

atención televisiva de no menos de 10 millones de personas en todo el país y confirmando que el

“fenómeno editorial” de su “Sinceramente” en realidad constituye un indicador de los

corrimientos del humor político electoral de la sociedad argentina, también detectado por las

principales encuestadoras, incluso las que trabajan para la parafernalia de medición y control

gubernamental.

 

En esos laboratorios oficialistas lo que más preocupa desde hace un mes es la evolución de los

conglomerados que “jamás votarían” a Macri o a Fernández de Kirchner: las últimas dos

mediciones indicaron que más del 10% de quienes rechazan a la ex mandataria abrieron la

posibilidad de redefinir su opción. Es decir, en “lo más duro del núcleo duro” de Cambiemos

también se siente el desbarranco de su jefe.

Cristina Kirchner eligió la mañana de un sábado que debía ser de lluvias y tormentas otoñales y

que terminó siendo de sol y calor veraniegos, para dar el tercero de sus pasos de lógica

implacable. Bajó un escalón en la fórmula y logró una carambola triple, con dos impactos internos

y uno en el centro del dispositivo gubernamental, con repercusiones internacionales.

Alberto Fernández -uno de los grandes “armadores” del kirchnerismo originario- es un

“negociador” nato, hasta hace poco tiempo encolumnado detrás de Sergio Massa y crítico de

muchas de las “características del cristinismo” que hoy le endilgan a su actual mentora quienes

tardan en aceptar su liderazgo; de históricas buenas relaciones con los medios hegemónicos

locales y contactos sólidos con grupos de presión estadunidenses con llegada a la casa Blanca y,

sobre todo, al Departamento de Estado. Un perfil semejante le permite a la ex mandataria ampliar

las posibilidades de crecimiento de su espacio, potenciado desde el primer momento con el

renunciamiento inmediato del ex gobernador Felipe Solá, un precandidato que aporta desde el

arranque sus propuestas sobre la defensa de la economía popular, sobre todo de las mujeres y los

hombres que la desarrollan, además de darle profundidad al voto, más allá del conurbano

bonaerense.

En simultáneo, quienes intentan recrear la misma “avenida del medio” por la que no logró

aglutinar mayorías Massa, en apenas 12 minutos y 51 segundos -el tiempo que dura el mensaje de

presentación de la fórmula opositora- vieron cómo sus acciones se desvalorizaron con más rapidez

que el peso argentino frente al dólar que Cambiemos dilapida, y fuga. Si la asistencia inesperada

 

de Cristina a la reunión del PJ nacional le impidió a Juan Schiaretti disfrutar por más de 48 horas de

los beneficios de “macho alfa” que le proponían algunos gobernadores, un senador sin votos ni

tierra y un economista sin animador televisivo, la novedad puso a crujir ya no las posibilidades

electorales del llamado “peronismo federal” sino, incluso, su propia existencia, amenazada por la

seguidilla de salutaciones provinciales a la jugada de “los Fernández” que, en cualquier momento

puede convertirse en apoyo concreto y, lo más importante, en imán para sus pares más

remolones, escondidos tras las faldas de las simpatías de entre el 8 y el 9% que aún mantiene

Sergio Massa.

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Las oficinas importantes del cristinismo permanecen tan herméticas como lo estuvieron los días

previos al anuncio, no filtran indicio alguno. Sin embargo, es difícil no pensar que su jefa se ubicó

en el lugar que lo hizo sin tener no menos de “media palabra” -que no es lo mismo que un

compromiso- por parte del titular del Frente Renovador, un partido que, como el PJ, Unión

Ciudadana, Proyecto Sur, Partido Comunista, el Partido de la Cultura, la Educación y el Trabajo o

el Partido Solidario, podrían formar el “Frente Patriótico” de unidad nacional, con el que Cristina

aspira a derrotar al macrismo sino, y sobre todo, a consolidar el gobierno que suceda al actual, con

indicadores sociales y económicos que tienen a la mitad de la población argentina contra las

cuerdas del hambre, la desocupación, la miseria, las enfermedades…, con el agregado de un

endeudamiento externo que, desde ya, compromete el futuro de la economía nacional.

La tercera víctima de la carambola es el propio gobierno de Mauricio Macri, que ya se había

resignado a navegar los últimos meses de su gestión atado al palo mayor de un ballotage que

desde la mañana del sábado pinta alejarse con velocidad de rayo. Los reacomodamientos

peronistas complican la situación crítica para una posible reelección, con los radicales que, en cada

provincia hacen los cuernos “antimufa” cada vez que los asocian a Cambiemos y, tarde pero

dañinos, pretenden desempolvar algún dicho de Irigoyen o algún recuerdo de Alfonsín… Y con la

población preparándose para votar, con el bolsillo, con la comprensión de los hechos, con la

frustración de quien siguió la promesa que no se cumplió y -lo peor para la Casa Rosada- sin la

responsable de “todos los males” al frente de la lista.

Los poderes reales no se mueven por promesas, lo hacen solo por intereses. Un candidato que

sea, ante todo, ganador, confiable y respetuoso de los acuerdos que se alcancen, que cuente con

el respaldo de distintos sectores económicos y sociales que le ayuden a caminar los dificilísimos

pasos de la transición que se viene, es una apuesta que les interesa; incluso por encima de que

Donald Trump mantenga un rato más el apoyo a su amigo o al “hijo de su amigo”, y haya

ordenado al FMI que gire millones para tratar que llegue a diciembre.

Si el éxito editorial más espectacular producido por un libro político en la Argentina llega a tener

un segundo tomo, tal vez la autora decida explicar cuáles fueron los hechos que la llevaron hacia

ese paso al costado. Entre ellos, seguramente, figuraría la mencionada necesidad de darle máxima

sostenibilidad al gobierno que suceda al que ha generado daños tan amplios y profundos, sobre

todo entre quienes menos tienen; para eso necesita pactar acuerdos con distintos sectores de la

producción urbana y rural, incluso con distintos grupos de la economía concentrada, con las

fuerzas del trabajo y con los movimientos populares que representan a las víctimas más

empobrecidas del modelo económico de exclusión, con todos los sectores partidarios interesados

en la Nación. Es probable que en esa obra imaginada sería difícil encontrar un capítulo que

incluyese el peso que tuvieron las presiones de las grandes corporaciones económicas y los

poderes internacionales que ellas imponen, con el gobierno de Estados Unidos a la cabeza y toda

la burocracia financiera internacional que les responde.

Falta menos tiempo para que el pueblo decida. La única virtud de este fin de ciclo de Macri parece

ser, justamente, el haber comprendido que no puede bajarse de la fórmula presidencial si quiere

dejar la Casa Rosada en auto y escoltado por granaderos que le guarden honores como a cualquier

Presidente. De lo único que no se salvaría es de un estruendoso “Se van, se van, y nunca

volverán”, el mismo cántico que las juveniles columnas platenses que engrosaban Néstor y Cristina

Kirchner el 25 de mayo de 1973 le dedicaron a los militares que dejaban la Casa Rosada en manos

de Héctor Cámpora y el pueblo que lo rodeaba.

(*) Carlos A. Villalba. Psicólogo y periodista. Investigador argentino asociado al Centro Latinoamericano de AnálisisCRISTINA KIRCHNER

 

Por Carlos A Villalba (*)

 

 

Fuente: Polos Productivos Regionales

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