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La cancha electoral se inclina

Faltan horas para el destape del conjunto de las candidaturas que serán puestas a consideración de los seguidores partidarios el domingo 11 de agosto y sometidas a la opinión de la ciudadanía en general el 27 octubre, con eventual segunda vuelta el 24 noviembre. Sin embargo, los actores que van a definir la partida nacional ya están instalados y quienes movieron las fichas se dieron cuenta si se equivocaron o presumen de un probable acierto.

Por Carlos Alberto Villalba

A la realidad, con sus indicadores contundentes y contrarios a lo que pretende cualquier gobierno en año electoral y el humor agriado por privaciones esenciales o superfluas, no la cambia nadie. Menos aún con el aderezo amargo que le faltaba a la gestión Cambiemos, generado durante las primeras horas del Día del Padre, cuando 50 millones de personas, incluyendo habitantes de Uruguay, Paraguay, Brasil y Bolivia quedaron sin luz durante seis horas, la mitad de las cuales siguieron a oscuras el doble de tiempo.

Aunque la campaña, en lo formal, recién comienza el mismo día que cierran las listas, cada movimiento que hacen los contrincantes constituye un acto destinado a conseguir votos; lo fue también la escogencia misma de precandidatas y precandidatos y lo son los actos de gobierno, reinaugurando lo ya inaugurado y, sobre todo, intentando reverdecer a fomento el consumo con créditos a doce o dieciocho meses o haciendo creer que el descuento en automóviles, que estaban a precios inalcanzables y saturaban el stock de las concesionarias, genera un ambiente propicio.

Los dos principales sectores que participarán de las presidenciales -el peronista Frente de Todos y el macrista “Juntos por el Cambio”, que reemplazó a la destruida “marca“ Cambiemos- pueden llegar a quedarse en la primera vuelta de agosto con entre el 80% y el 85% de los votos; el dato acerca la probabilidad de una victoria ese mismo día.

Entre los dos polos, excluyentes – como quería el presidente Mauricio Macri, aunque con acumulaciones invertidas -, los cultores de la “avenida del medio” y la “nueva alternativa” quedaron en la nada, dispersos, sin posibilidad de una acumulación que les sirva de base, como pretende el pomposo nombre del sobreviviente “Consenso Federal 2030” de Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey.

La Casa Rosada operó a través del senador saliente, titular saliente de la Comisión de Acusación y Disciplina del Consejo de la Magistratura e inminente ex miembro de la Comisión Bicameral de Fiscalización de Organismos y Actividades de Inteligencia del Congreso Nacional, Miguel Pichetto, con la intención de generar un espacio sólido, de no menos del 15% de votos, en su fantasía escamoteados al perón-kirchnerismo.

Tras el fracaso de la intentona, el oficialismo sumó al rionegrino de Banfield al binomio que encabezará Macri. En el acto, se convirtió en un vocero del pensamiento del Gobierno, racista, macartista, xenófobo y… antiperonista, a pesar de sus largos años al servicio del movimiento creado por Juan Domingo Perón, un líder que gustaba hablar de los “gérmenes patógenos” que a veces anidaban cerca suyo, y de la reacción fortalecedora de los “anticuerpos” que generaban esos agentes.

Más allá del asado de circunstancias de los funcionarios de Macri, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, transformados en “pata peronista” tras el refuerzo pichettista, no se produjo – tampoco sucederá – ninguna migración justicialista hacia el bando amarillo, y el único intento con alguna probabilidad de éxito fue el de acercar al sector menemista riojano, con una candidatura a diputada de Zulema Menem (hija, de Carlos) que rápidamente estalló por los aires y generó malestar en la Casa Rosada, palacio en el que ya rosqueaban, de la mano del precandidato a vicepresidente, viejos entusiastas del cabildeo como Jorge Yoma.

Del mismo modo que los senadores que integraban el bloque que encabezaba Pichetto se abroquelaron en su contra, la mayoría de los gobernadores cuyos intereses él gerenciaba ante el Ejecutivo, trocando votos para aprobar leyes y silencios ante medidas antipopulares por recursos, obras, ampliación de partidas.

El semestre electoral no es el más oportuno para esos enjuagues, menos aún, para oponerse a las simpatías de la ciudadanía que en la mayoría de las provincias, como queda demostrado cada domingo de comicios, le están dando la espalda al oficialismo de Cambiemos.

Esfuerzos como los del jefe de Gobierno porteño por construir una imagen progresista, joven, dinámica, hasta con cierta independencia de la Ciudad con relación a la Nación, incluyendo a Martín Lousteau como primer candidato a senador nacional por el distrito, pierden impacto ante las posturas rígidas y cerradas de Pichetto.

Como se dijo desde esta misma columna, Macri apostó a un futuro manejo del Senado de la Nación para lograr la “profundización” liberal de sus políticas.

Su nuevo socio electoral, de resultar electos, jugaría un papel fundamental como presidente del Senado de la Nación para impulsar y lograr la aprobación de las reformas previsional y laboral al frente de los objetivos de un hipotético segundo mandato, tal como se lo reclama el Fondo Monetario Internacional; constituido en el último tramo de su gobierno en el único sostén que le permite tener controlado temporalmente al dólar, a costas, solo en el mes de mayo, del 86% de los u$s10.800 millones del último desembolso del FMI realizado a instancias de su socio de más peso, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Frente de Todos

A diferencia del oficialismo, la oposición encabezada por Cristina Kirchner, logró, además de mejorar su instalación gracias a la candidatura de Alberto Fernández, consolidar su relación con el Partido Justicialista nacional, lo que le abrió una vía regia hacia la mayoría de los gobenadores de esa extracción, al momento ganadores de todos los distritos que ya conducían, a los que se sumó el domingo 16 de junio y después de 12 años de autoridades socialistas, la provincia de Santa fe, una de las joyas del padrón nacional, con el 8.36% del electorado total, apenas 30 centésimos por debajo de Córdoba y medio punto por encima de la Ciudad de Buenos Aires, gobernada por Cambiemos.

La coyuntura muestra que entre los representados y los sectores partidarios no siempre hay correlación, del mismo modo que no la hay entre la situación de cada uno y su opción elctoral. En sencillo, que un candidato sume por ejemplo 11% de simpatías, no quiere decir que lo votará ese porcentaje de la ciudadanía; que un votante sea jubilado, haya perdido calidad de vida y no le alcance para los remedios, no quire decir que le dará la espalda a Macri.

La llegada de Sergio Massa y su Frente Renovador a las filas lideradas por los Fernández terminó de consolidar al espacio. Las negociaciones por la ubicación y el papel que jugará se dilataron solo por la tendencia del tigrense a mostrarse manejando los tiempos; la cabeza de la lista de diputados nacionales bonaerenses siempre fue su destino.

Tardó pero comprendió que su papel en la construcción de un límite a Macri, al que llama ”Nueva Mayoría”, sería “poner su nombre” en la boleta y no lucir su discurso en una interna; de ese modo, sus seguidores podrán votarlo de modo explícito y, si llega a obtener más votos que el candidato a gobernador, ni qué decir que Fernández, podrá ufanarse y arrancar la carrera hacia el 2023, año que ya marcó como el de su “turno”.

Las encuestas hasta hoy anuncian que su llegada engordó en 2 puntos a Todos, cuando empiecen los recorridos, las entrevistas, los anuncios de las propuestas -una de cuyas versiones fue filtrada ayer con poca pericia comunicacional y política- es probable que el espacio conquiste más entusiasmos.

Semejante a la que ya causó, pero puertas adentro, el cierre de listas porteñas, con el sanlorencista Matías Lammens como candidato a Jefe de Gobierno, el camporista Mariano Recalde en el escalón de aspirante a primer senador secundado por la periodista Gabriela Cerruti y el cineasta Pino Solanas en disputa por la cabeza de diputados con Victoria Donda. Una propuesta mucho más amplia que la de años anteriores, con figuras atrayentes para un electorado como el porteño.

Solo falto el árbitro internacional de fútbol Néstor Pitana, es que ya había sido fichado por el Frente Renovador de la Concordia, que gobierna Misiones desde su creación en 2003 y será candidato a diputado nacional por el partido provincial, y esta vez, no podrá contar con la ayuda del VAR.

Fuente: Carlos Alberto Villalba

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