NOTICIA NUEVA!!! Política Nacional SALUD 

“La salud no puede estar en manos del mercado”

La concreción real del derecho a la salud está contextualizada en una sociedad que debe ganarse cada conquista y, en épocas de crisis o ajuste, se torna especialmente contracíclica. Analizar el tema desde el pensamiento y conocimiento de Axel Kicillof nos permite adentrarnos en los conflictos de poder enmascarados y esbozar algunas ideas de cómo resolverlos.

Doctor en economía, ex ministro de economía de la nación y actual diputado nacional, Axel Kicillof además de tener amplios conocimientos macro que contextualizan las políticas de Estado con particular enfoque, transitó la economía de la salud como una de sus primeras especializaciones. Recientemente publicó un nuevo libro “Y ahora, ¿qué?”, cuya elocuente bajada anuncia: “Desengrietar las ideas para construir un país normal”. Hoy es sin dudas uno de los principales referentes políticos del país.

¿Qué pensás que es la salud respecto a la sociedad? ¿Qué espacio tiene en nuestra comunidad la salud, es decir, es un negocio, es un derecho, es un bien a garantizar, el Estado tiene algo que ver con esto?

La salud es parte del esquema de la vida de un organismo humano y eso es transhistórico. En toda etapa histórica las personas tienen problemas de salud, necesitan algún cuidado, prevención, curación, diagnóstico, eso ha ocurrido siempre. Lo particular del sistema económico actual y desde que surgió el capitalismo es que el acceso a los bienes que están relacionados con nuestra salud, desde el alimento hasta los medicamentos pasando por los servicios de salud, todo eso tiene un precio y esto perturba el aspecto humano de la salud y lleva a mezclarlo con cuestiones económicas.

¿Cómo lo ves vos? ¿Como algo que el Estado debe dar o que lo debe regular?

Más allá de la concepción que tengamos política, o el momento histórico o de la forma del Estado, hay ahí un primer problema que es que por todo hay que pagar. También por la salud hay que pagar y ya eso la convierte en un problema que la economía y cualquier pensador de la sociedad actual tiene que preguntarse, ¿qué hacer con las necesidades y los derechos vinculados a la salud? El hecho de que son de acceso económico, privado, arancelado, lleva también a cuestionarse cómo se determinan los costos de esos bienes y servicios vinculados al desempeño de la salud. Nos pone frente a problemas éticos, morales y políticos pero que hacen a la organización de nuestra sociedad. Eso tiene diferentes respuestas, soluciones y perspectivas. Yo creo que hay un primer problema que tiene que ver con el funcionamiento de los mercados de cualquier bien pero en particular de los bienes y servicios vinculados a la salud; a medida que las sociedades y la tecnología avanzan, hemos observado una concentración de esos mercados en la provisión de esos bienes y servicios en pocas manos, algo que ocurre para cualquier cosa, desde el pan hasta un cepillo de dientes, un medicamento o una tomografía computada; si son mercados sumamente concentrados, lo que hay que pagar para acceder a esos servicios y bienes pierde vinculación con los costos. En otras cosas donde hay libre competencia, se paga más o menos lo que cuesta, pero en los mercados concentrados hay pocos productores que determinan el valor y entonces se vuelve un producto con un precio más elevado del que tiene que ver con su reposición. Esto parece teoría económica pero tiene un resultado político y cotidiano muy claro que es que los servicios de salud son servicios esenciales y básicos, que si uno no dispone de eso, en el extremo uno se muere, o enferma y su calidad de vida se deteriora. Entonces, aparece una discordancia entre cómo se proveen los servicios de salud, quiénes los demandan y cómo su precio empieza a estar gobernado por reglas de la concentración del capital.

Monopolio y derecho universal se dan de frente, entonces ¿no?

Yo creo que la salud es algo tan importante que no se puede dejar en manos del mercado y creo que esa es la premisa; además, el tema de la salud está muy vinculado al sistema científico, tecnológico y universitario. Creo que según cualquier concepción económica, incluso la más liberal, al existir un monopolio, o al existir concentración, tiene que haber regulación, porque naturalmente el precio tiende a divorciarse del costo, no hay competencia y el precio no baja. Como además son necesidades esenciales para los ciudadanos, entonces, ¿cómo juntar la necesidad con la oferta cuando el precio tiende a ser cada vez mayor? El único que puede solucionar eso es el Estado, que tiene que intervenir en la regulación de los precios, de las cantidades y del acceso a los bienes y servicios de la salud. Insisto, aún para los economistas más neoliberales, ortodoxos, los más conservadores, ahí tiene que aparecer el Estado, y ese es uno de los problemas que vivimos en las economías emergentes, en vías de desarrollo o en el tercer mundo: como hay un Estado débil, termina siendo rehén de los grandes intereses médicos y económicos.

«Al existir un monopolio, o al existir concentración, tiene que haber regulación, porque naturalmente el precio tiende a divorciarse del costo. El único que puede solucionar eso es el Estado.»

¿Quiénes representan esos intereses? Porque no es algo fácilmente comprensible por todos.

Todos saben quiénes son los petroleros, esos tipos con sombrero tejano, llenos de plata o jeques árabes; bueno, en la salud hay un trabajo muy fuerte, publicitario y comunicacional para ocultar que también hay jeques árabes y grandes magnates en el mercado de salud; Es un mercado que mueve fortunas, muy concentrado y cada vez más globalizado a escala mundial. Los Estados son débiles frente a estos poderes económicos y además, viven en la clandestinidad, ocultos, y a veces se visten de los intereses más sublimes y caritativos pero en realidad hay muchísima plata, son mercados solo equiparables a los del armamento, a los del petróleo, pero que terminan impactando en la salud de la gente. Entonces, si no interviene el Estado es muy difícil. Como el Estado es débil en las sociedades en vías de desarrollo o en las sociedades desarrolladas en contexto de crisis y en época de ajuste, porque es un Estado que está bajo ataque, pararse frente a estos grandes intereses le resulta más difícil.

“En las sociedades en crisis o en vías de desarrollo el Estado es débil y le resulta más difícil pararse frente a los grandes intereses médicos y económicos.”

Hay una situación muy preocupante a nivel mundial que son los medicamentos de alto precio, que ponen a los sistemas en una encrucijada sobre cómo garantizar el acceso.

A mí me parece que la sociedad actual empieza a mostrarse de una forma cada vez más descarnada, dura y evidente, que hay un desarreglo entre los principios y las promesas que trajo el capitalismo desde sus orígenes. En la Revolución Francesa se planteaba que estaba el mercado, llegó el capitalismo pero los principios que se iban a tratar de hacer cumplir eran la libertad, igualdad, fraternidad. Sin embargo, a medida que el capitalismo se desarrolla, avanza y pasa el tiempo, resulta cada vez más obvio que un mercado todopoderoso en realidad es absolutamente contradictorio con estos principios básicos, porque si uno no puede acceder a los bienes, ¿es libre de hacer qué?; si no puede comer y no puede curarse, la igualdad, con el proceso de concentración de los ingresos, parece cada vez más difícil de alcanzar, y la fraternidad es un valor que no vende, no está. Yo creo que en el mercado, o en el sector de la salud, esto aparece de una forma horripilante, asociado a la muerte.

«Un mercado todopoderoso es absolutamente contradictorio con el principio básico de libertad, porque si uno no puede acceder a los bienes, ¿es libre de hacer qué?»

Pareciera que existe una crisis de las organizaciones internacionales, como la ONU o la Organización Mundial de Salud, ¿tienen algún rol positivo esas instituciones, son una forma de Estado supranacional o en el fondo serían garantes de la reproducción de un negocio que no está funcionando? Porque quiero tratar de entender por qué razón se está rompiendo un negocio que estaba funcionando.

Ha habido un correlato del fenómeno de la globalización de los mercados, de la aparición del mundo como un todo. Es decir, hace 200 años cada país era un planeta y hoy el mercado mundial ha unificado absolutamente todo. Después de la Segunda Guerra Mundial (SGM) se funda un sistema de organizaciones planetarias donde participan todos los países, que viene a ser la contracara y la percepción de que hay ciertos temas que hay que abordar a escala mundial. Los poderes operan a esa escala, entonces aparece un contrapoder para representar más democráticamente las necesidades de los Estados. Pero eso también está supeditado a los mismos flujos y balances de fuerza a los que están sometidos cada uno de los países, incluso cuando desencadenan una guerra entre ellos. O sea que el mercado no es algo más pacífico que lo que aparece como una guerra abierta, en el mercado también hay corrientes de influencia, de lobby y yo creo que las organizaciones multinacionales han sufrido un deterioro y un retroceso espantoso. La SGM dejó una cicatriz abierta y las organizaciones internacionales deberían evitar que los conflictos terminen en guerras, en tanta muerte. Y me parece que ha habido una evolución de esas organizaciones multilaterales que tuvo que ver también con una consolidación a escala internacional de un poder cada vez mayor de las finanzas, de las grandes multinacionales, que incluso es un poder desterritorializado.

Poniéndolo de una manera sencilla: cada uno de los países tenía poca capacidad de influir en el sistema financiero internacional. Entonces aparecen el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para ser un contrapoder más democrático y más humano contra esos flujos económicos tan poderosos. Y bueno, yo hoy veo que se ha desdibujado completamente el lugar que ocupan, desde el FMI a la ONU (Organización de las Naciones Unidas). Creo que estamos en una situación donde ya ni siquiera se pueden guardar las formas, hoy prima lo económico concentrado por sobre los países, incluso por sobre las organizaciones supranacionales.

Entonces, ¿qué hacer en estos contextos de crisis y en países con Estado débil?

Yo creo que la única solución para esto es la concientización, la organización de la sociedad civil, de la ciudadanía en el reclamo de la salud como lo que es: un derecho mínimo indispensable y básico, ya que no enfermar y no morir es parte del derecho a la vida. Entonces me parece que el reclamo es tremendamente legítimo, pero todas las mediaciones que hay desde ese derecho a acceder a medicamentos que cuestan una millonada y que están manejados por laboratorios extranjeros, toda esa cadena de causalidades y de opacidad, necesita de muchísima concientización, porque sino no se puede ni siquiera dar la pelea. Sobre todo porque los temas de salud son algo íntimo, en general no se socializan, la enfermedad se esconde, cuando surge ya está muy avanzada y hay demasiado deterioro, entonces tiene que haber un grado de concientización muy fuerte. Por eso todo el mundo sabe que entre lo básico que tiene que brindar el Estado están la salud y la educación, porque si quedan completamente en manos privadas, se vuelven inaccesibles para los que menos tienen, cuando es el mismo derecho para el que más tiene como para el que menos tiene.

«La solución para mí viene de abajo hacia arriba, de los propios pueblos. Está claro que las soluciones de ajuste no dan ninguna respuesta a los problemas. Va a haber que encontrar alguna superación y en eso creo que estamos.» 

La solución para mí viene de abajo hacia arriba, me parece que son los propios pueblos los que tienen que poder reflexionar sobre esto y también caer en la cuenta de que una crisis mundial basada en un problema financiero es la que termina dejándote a vos sin un plato de comida. Entonces es la necesidad de construir poder desde abajo que nos va a permitir generar anticuerpos frente a tanta incertidumbre y tanta calamidad. Lo vemos en América Latina porque estos gobiernos neoliberales llegan y los vemos en Argentina: son un fracaso en sus propios términos. Y creo que también esto nos deja una enseñanza dolorosa porque el tránsito para comprender estas cosas, pensar cuáles son las formas de organización, las formas de lucha y de gobierno correspondientes a esta etapa, también es un parto muy doloroso. Pero yo creo que el camino lo estamos viendo en el sentido de que estas experiencias fugaces donde vienen a prometer mejoras desde el ajuste, desde la  austeridad y desde dependencia, no dan ninguna solución, entonces va a haber que encontrar alguna superación, y en eso creo que estamos.

· Axel Kicillof ·

Doctor en economía, ex ministro de economía de la nación y actual diputado nacional

Fuente:

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario