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Los Fernández ya hacen camino al andar

“Somos algo nuevo. Es el reencuentro de un movimiento que alguna vez estuvo junto y otra vez se separó. Nosotros somos un tiempo de reencuentro, donde el kirchnerismo es una parte muy importante”. Alberto Fernández (Clarín 18Ago2019)

Por Carlos A Villalba

El adelanto del reloj electoral que produjo la votación del domingo 11 de agosto en la Argentina, al sepultar las posibilidades de reelección de Mauricio Macri colgó la situación económica del país de un hilo delgado y al borde del colapso y puso a Alberto Fernández -el candidato triunfante- en la complicada tarea de moverse como “futuro presidente” aún antes de haber sido elegido y en un marco de tal volatilidad que hasta un suspiro suyo es interpretado como algo determinante.

Por encima de algunas alusiones poco felices, los discursos de la fría mañana porteña del martes que el Presidente confundió con un “lunes” -seguramente por sus actividades deportivas del feriado largo- dieron por iniciada la transición de su gobierno hacia el peronismo entrante.

Al jefe del PRO le había costado aceptar la realidad, aún cuando la mayoría de su séquito, sobre todo Horacio Rodríguez Larreta y su tropa selecta encabezada por María Eugenia Vidal, ya arriaban las velas de la reelección nacional y provincial para refugiarse en la defensa del bastión porteño, donde la evolución de las mediciones poselectorales empiezan a preocupar.

El miércoles 14 había recibido un mazazo de realidad, que se sumaba al de las urnas, cuando uno de los potenciales reemplazantes del eyectado Nicolás Dujovne, distribuyó entre sus clientes las 37 páginas de su informe “Larguísima transición. Hoja de ruta”, con una primera y lapidaria conclusión: “El resultado electoral: irreversible”.

El documento, al que tuvo acceso este cronista, fue elaborado por la consultora MacroView S.A., de Rodolfo Santángelo y Carlos Melconian, presidente del Banco de la Nación Argentina entre diciembre de 2015 y enero de 2017 y responsable durante el alfonsinismo de la anulación de la investigación de la deuda privada contraída en el exterior durante la última dictadura cívico-militar, a través de “créditos fraudulentos y de dudosa legalidad” por empresas extranjeras y nacionales entre las que figuraba Sideco Americana S.A y SOCMA, del Grupo Macri que lidera el actual mandatario.

Al desarrollar la afirmación que minó la voluntad presidencial, el papel sostiene que las PASO 2019 “fueron del estilo de 2011, no de 2015”, ya que el ganador logró “un resultado contundente e irreversible”. Le enrostra que “primó la regla histórica de que un oficialismo sólo es reelecto con una economía que anda bien (y pierde si anda mal)”.

El informe se regodea con cuadros estadísticos rotundos. El primero de ellos, contra la especulación de Clarín que intenta trasvasar votos y agregar votantes que no participaron, remarca que “Aún en un hipotético y extremo caso favorable para el oficialismo, no llega”. El siguiente expresa “la contundencia del resultado”, comparando las PASO actuales con las de 2015.

También describen la paliza de Axel Kicillof sobre la gobernadora María Eugenia Vidal presentando a la provincia de Buenos Aires como “El bastión peronista que vuelve a su ´normalidad histórica´”

No alcanzaron las furias de Elisa Carrió. Con la negociación abierta entre los equipos de Vidal y Kicillof, los gobernadores radicales en rebeldía contra Marcos Peña y su tecnocampaña fracasada y con los intendentes propios intentando convertir a los Cambiemos municipales en partidos vencinalistas, Macri tiró la toalla. Sacó a Hernán Lacunza de la pista neuquina de esquí de Cerro Bayo y lo sentó en la silla eléctrica que acababa de abandonar Dujovne, el representante local del FMI.

Salvo las sonrisas de una tía que nunca falta en la asunción de cualquier funcionario, el acto en el Salón Blanco de la Rosada estuvo lleno de seriedades de velorio, y hasta de ropas al tono.

Diseñando un Gabinete

La primera decisión de quien encabeza la fórmula que secunda Cristina Kirchner ya había sido la de marcar las responsabilidades de cada parte, en el marco de un desierto que habrá que atravesar durante largos dos meses hasta el 27 de octubre y, si no se altera el cronograma electoral, de otros 45 días hasta la asunción del 10 de diciembre. “Hasta diciembre vos sos el Presidente, y como han incumplido todo el programa tenés que hablar con ellos”, le dijo Fernández a Macri en referencia al FMI al contestar por teléfono al mensaje de texto presidencial, según los datos que el equipo del Frente de Todxs deja trascender sobre los movimientos de su jefe.

En simultáneo, el tijeretazo a los tiempos del cambio que la ciudadanía impuso obligó a la oposición triunfante a acelerar sus propias decisiones, organizar el discurso público y a empezar a “bajar a tierra” las políticas que empezarán a implementarse en el mismo momento del “Si, juro”, del próximo presidente de las argentinas y los argentinos.

Nunca es bueno “nombrar” a los encargados de desarrollar esas medidas en las vísperas, menos aún a quienes tengan responsabilidades en las áreas económicas; también lo cree así Fernández, quien adelantó que no piensa armar el gabinete con sus “amigos” sino “con los mejores” y que “más conocen el Estado”. Había empezado a dibujar las “áreas” de su gobierno aún antes del urnazo que cambió todo y le puso un parate a la vida del gobierno que causó más daño en menos tiempo.

El único nombre que dio, hace varias semanas y para encargarse de la cartera de Desarrollo Social, fue el de Daniel Arroyo, quien fuera vice ministro de Alicia Kirchner y responsable de la misma cartera durante la gestión bonaerense de Daniel Scioli y que considera que la situación actual ya no reviste características de una “crisis” sino de una “catástrofe” que es necesario parar de manera inmediata.

El actual diputado nacional por el interbloque “Red por Argentina” anunció las medidas que considera prioritarias para “frenar la caída” que sufre la población, en especial la de menores recursos: regular la canasta básica “porque comer tiene que ser barato” en un país que produce alimentos para 400 millones de personas”; estructurar un sistema de crédito no bancario con el objetivo de desendeudar a las familias y con tasas del 2 o 3% anual para apoyar a las Pymes; recuperar a la industria textil e impulsar obra pública intensiva.

En la misma sintonía, los movimientos sociales aspiran a que las autoridades garanticen que el 25% de la obra pública sean realizados por cooperativas y hagan efectivas las disposiciones de la Ley de Agricultura Familiar que apuntan a “garantizar el uso de la tierra por quienes la trabajan, fomentar el apoyo a la agricultura familiar, crear mercados y ferias donde se promueva el comercio de productos orgánicos y saludables”.

La batería de medidas para enfrentar la situación que generó la actual administración incluye el aumento del presupuesto para políticas alimentarias, comedores y huertas escolares, comunitarias y familiares y la protección de las industrias socialmente relevantes, en las que trabajan mujeres y jóvenes.

“Argentina somos todos”

Las organizaciones sociales, en su mayoría encuadradas hoy en el Frente de Todos, aspiran a la inmediata puesta en funcionamiento de los instrumentos relacionados con la Emergencia Alimentaria, con sus correspondientes partidas presupuestarias y la garantía de acceso a la canasta básica alimentaria del conjunto de las familias argentinas.

También reclaman el desarrollo inmediato de un proceso de “Integración Urbana”, que garantice “el acceso a la vivienda digna de todas las familias, la suspensión de los desalojos de viviendas, la urbanización de los barrios humildes y regularización de los servicios públicos”.

En función de la situación, las tasas de desempleo, empleo informal y subempleo, las próximas autoridades tendrán que analizar las propuestas relacionadas con la “Economía Popular” en su conjunto, sin ignorar el anclaje institucional que se le dará en la estructura del Estado nacional a un tema que es transversal e incluye, además de los aspectos económicos incluye entre otras cuestiones asuntos laborales, agricultura familiar y comercialización de sus productos, reordenamiento territorial, tenencia de la tierra, atención primaria en salud.

Es un problemática que hasta el momento permanece ausente en la campaña de Alberto Fernández y que, durante la candidatura presidencial de Daniel Scioli cuatro años atrás, logró instalarse como un tema del que debía ocuparse una estructura específica, instalada en los más altos rangos de la gestión pública.

Ministerios y algo más

Los nombres de los posibles ministros se mantienen en secreto, en muchos casos ni siquiera se evaluaron, aunque las listas de “candidatos” son cada vez más cortas, dentro de las carpetas en las que el ganador de las primarias organiza sus papeles. Los equipos o los asesores puntuales empiezan a arrimar los diseños de las carteras venideras, engrosadas con algunas nuevas y otras que serán repuestas en el nivel que les corresponde después que Macri eliminara diez de ellas en septiembre del año pasado, cuando las rebajó a la categoría de secretaría.

Salud, Trabajo, Cultura, Ciencia y Tecnología y la ahora denominada Agroindustria recuperarían su nivel, en sintonía con el nuevo modelo económico, social y productivo que se intentará desarrollar.

El candidato adelantó la intención de crear de un ministerio de Vivienda y Hábitat, retirándolo al tema de Obras Públicas, para que se dedique a planificar el manejo de las tierras con fines de construcción de viviendas y ofrezca una respuesta “genuina, de una vez y para siempre” a un déficit de 3,5 millones de viviendas, con el 24% de los hogares habitados en condiciones precarias. Sin “destapar” identidades, aseguró que las organizaciones sociales participarán en esta problemática y adelantó que ya cuenta con “la persona que va a ocupar ese lugar y ya está trabajando”.

Una innovación de su propia cosecha será el ministerio encargado de desarrollar políticas que luchen contra todo tipo de discriminación, para que la población avance en el siglo con “igualdad para todos y que nuestras leyes y decretos se escriban garantizando” la misma. Todavía se especula si se tratará de la cartera “de la Igualdad” o la “de la Mujer”, teniendo en cuenta que será responsable de la generación de políticas de prevención de femicidios, violencia de género y discriminación contra las mujeres y las distintas opciones de género.

Una economía fuerte

Junto a “las novedades” en la estructura del Estado, figuran áreas tan tradicionales como importantes, empezando por la económica, a la que quien fuera jefe de Gabinete de Néstor Kirchner concibe como un “ministerio fuerte”, con manejo de la totalidad de los resortes y las temáticas específicas, conducida por “una cabeza que resuelva cómo se recauda y cómo se gasta”.

En ese contexto, Fernández se mueve con facilidad con cuadros que tienen enfoques diferentes pero ajustados a la batuta de un “director de orquesta” que genere los movimientos necesarios de acuerdo a las especificidades y atendiendo a los actores con los que articulen las medidas. Una cosa será la relación, por ejemplo, con los organismos multilaterales de crédito, otra con los representantes de las corporaciones financieras transnacionales y una tercera con los industriales nacionales.

Ante la cancha compleja de esta “transición anticipada”, en la que el gobierno nacional “no cumplió ni con la meta inflacionaria, ni con la meta de crecimiento, ni con la meta fiscal” comprometidas con el FMI al tomar un préstamo en condiciones de imposible cumplimiento, desde hace tiempo los inversores extranjeros se preguntan cómo se relacionará un próximo gestión peronista con los acreedores externos.

La primera reacción que obtuvieron de Fernández fue la frase “ni yo, ni ningún otro candidato tenemos la obligación de ir a responder por sus incumplimientos”, junto a una aclaración: “el problema es que el vínculo que el Gobierno propuso con el Fondo es un vínculo de sometimiento. Y yo propongo un vínculo de respeto”, sin dejar de reconocer que “Está claro que somos los deudores”.

En la primera de las dos conversaciones telefónicas que tuvo con Macri el candidato opositor le dijo “bueno, si vos acordaste todo esto y no cumpliste, te pido que te hagas cargo de explicar por qué no cumpliste y de renegociar esto” y le remarcó que la situación “es algo que debés asumir, porque vos fuiste el que firmaste esto’. Y la verdad es que ni (Roberto) Lavagna, ni yo, ni ningún otro candidato tenemos la obligación de ir a responder por sus incumplimientos”. Días después esquivó una foto de complicidad que pretendía el Presidente cuando llegasen los delegados del FMI y se corrió de su convite a trasladarse hasta Wall Street.

Relaciones con qué exterior…

Una cartera para la que se lanzan nombres todos los días es la de Relaciones Exteriores, algo inevitable contando Alberto Fernández con un asesor específico como Jorge Argüello, nombrado en 2007 por Néstor Kirchner como Representante Permanente de la Argentina ante las Naciones Unidas y en 2011 por Cristina Kirchner como embajador ante Estados Unidos, desde donde fue desplazado hacia Portugal.

Y no menos comprensible ante una figura como la de Jorge Taiana, que mantiene vigente el reconocimiento regional y de potencias como China, tras haber sido canciller de ambos presidentes entre diciembre de 2005 y junio de 2010, tras desempeñado como vicecanciller desde el día de la asunción del mandatario patagónico.

En los pasillos de la diplomacia argentina y en “México”, el local desde el que el candidato de Todxs coordina los movimientos, desde antes de las PASO se discute sobre el perfil más adecuado para un jefe del Palacio San Martín que deberá instalarse en una subregión cuyo principal país está dirigido por un ultraderechista como Jair Bolsonaro y con Estados Unidos conducido por Donald Trump.

El propio Fernández se encargó de trazar la línea gruesa de las futuras relaciones: “Brasil es mucho más importante que Bolsonaro” y “Trump es un presidente de la primera potencia del mundo. Entonces, hay que llevarse con esa potencia, hay que tener una relación madura. Bolsonaro y Trump fueron los presidentes que eligieron los brasileños y los estadounidenses y punto. Yo no tengo nada más que decir al respecto, tengo que tratar con ellos; y tratarlos de un modo que defienda los intereses de Argentina”.

Muchas tradiciones de la diplomacia argentina fueron alteradas con la llegada de Mauricio Macri al gobierno, con las correspondencias de Susana Malcorra y de Jorge Marcelo Faurie a la Cancillería, conducidos por el asesor presidencial Fulvio Pomeo desde la Casa Rosada. Hasta ese momento e incluso por encima del color partidario de las administraciones, la política internacional del país se mantuvo dentro de la defensa soberana de sus posiciones, con fuerte impronta regional, respeto por el multilateralismo y, sobre todo, por la no intervención en los asuntos internos de otros países.

Los principales exponentes de la temática en el Frente coinciden en los puntos centrales de una futura política exterior, que incluyen mantener los vínculos convenientes para la argentina tanto con Estados Unidos como la República Popular China y con Rusia, contribuir desde la diplomacia a la proyección internacional de las empresas locales, rechazar los intentos de reprimarización de la economía que pueden aparecer en el futuro acuerdo del Mercosur con la Unión Europea, defender de manera irrestricta los derechos soberanos de la argentina sobre las islas Malvinas, Orcadas del Sur y Sandwich del Sur apropiadas por Gran Bretaña y su pronta recuperación territorial y fortalecer la política Antártica destinada a consolidar la presencia bioceánica del país.

Todo está en marcha: una transición difícil para el conjunto del país, la despedida que no esperaban en la desecha alianza Cambiemos y el diseño de las políticas de emergencia y de largo plazo, entre los equipos de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

También marchan hacia los hogares y los bolsillos las facturas de los servicios públicos que castigan a los hogares más pobres, y en los que no lo son tanto, con el filo de un machete junto a las remarcaciones alevosas que generó el lunes rencoroso que siguió a la derrota de Juntos por el Cambio. Desde la vereda de enfrente apuestan a que la esperanza y la prudencia primen sobre la desesperación.

Fuente: Carlos A Villalba

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