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Que Dios y la Patria demanden algo, al menos, una vez

El gobierno de Cornejo hace un delicado equilibrio entre resguardar los derechos de la Provincia y su sociedad, como parte de la alianza, de la gestión nacional de Cambiemos que lidera Macri.

“No descartamos que se tenga que hacer, llegado el momento, algún reclamo. Pero para eso hay tiempo. Incluso, para reclamar los efectos de alguna medida que haya afectado a la Provincia hasta cinco años para atrás. Pero en esta no lo hacemos porque se entiende el contexto de la acción y porque es a todas luces oportunista”. Así explicó para esta columna un importante funcionario del gobierno de Alfredo Cornejo la negativa de la Provincia a demandar a la Nación por las medidas económicas que anunció el gobierno de Mauricio Macri y que afectarán los recursos que llegan mes tras mes por la coparticipación federal de impuestos.

El gobierno de Cornejo hace un delicado equilibrio entre resguardar los derechos de la Provincia y su sociedad, como parte de la alianza, de la gestión nacional de Cambiemos que lidera Macri. Está claro que desde Cornejo hasta el último funcionario del Ejecutivo desearían no tener nada que ver con el presidente y el Gobierno nacional. Hasta donde la política se los ha permitido han tomado una prudente distancia de lo hecho por la Nación como para no quedar avalando decisiones que se tomaron en el pasado reciente –las económicas, sobre todo– que resquebrajaron las chances del oficialismo nacional cuando todavía falta un mes para las elecciones presidenciales del 27 de octubre. Sin embargo, las PASO de agosto, las que se comportaron como la gran encuesta nacional, han terminado condicionando de forma abrupta las posibilidades de reelección de Macri y han extendido ese clima triunfal de la oposición hacia una Mendoza, por caso, en donde el radicalismo y sus socios creían tener todo bajo control.

Los gobernadores de la oposición a Macri, que decidieron presentar una cautelar contra aquellas medidas paliativas que tomó la Nación tras la derrota en las PASO, en concreto, reducir el IVA en los alimentos a cero, aumentar el Mínimo no Imponible del Impuesto a las Ganancias y las modificaciones al monotributo, que en total le significarían un quebrante a las arcas de sus provincias del orden de 30 mil millones de pesos, lo hicieron siguiendo las obligaciones que tienen como mandatarios de resguardar los recursos que les corresponden a sus ciudadanos. También, claro está, hubo un altísimo componente político en medio del proceso electoral. Dijeron que no se oponían a las medidas, por considerarlas necesarias en medio de la devaluación cercana a 30 por ciento, pero se negaron a que sean las provincias las que las paguen. En verdad, toda medida tiene un costo y alguien lo tiene que pagar. Pero nadie ha querido resignar nada.

En Mendoza, su gobierno se encuentra ante la disyuntiva de ir por el juicio o dejarlo pasar. Fue por la segunda opción, entienden, para no agravar más la situación de un Gobierno nacional por demás débil y arrinconado, con una situación financiera calamitosa y todo agravado por una monumental crisis de confianza y de credibilidad. Además, se trata de un gobierno del que Cambia Mendoza forma parte, lo que no es para nada menor.

Así y todo, no es la primera vez –y tampoco, probablemente, sea la última– que ocurren estos puntos de inflexión. Cuando, a comienzos de los 90, Carlos Menem decidió tomar los recursos de las provincias para financiar la caja nacional, se encontró con lo que sería una lógica resistencia. Pero las circunstancias del país eran tan frágiles que muchos mandatarios se inclinaron ante la decisión. Se trató de tomar el 15 por ciento de la coparticipación para financiar la recientemente creada Anses. Esa detracción de recursos se mantuvo por más de veinticinco años, cuando iba a ser una medida temporal. Todos los presidentes que sucedieron a Menem se negaron a devolver ese dinero hasta el fin del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner, que, por decreto, cuando se estaba yendo, obligó a la Nación a restituir la plata.

En 1994, durante una visita a Mendoza del gabinete que encabezaba Menem, el ministro de Hacienda del gobernador peronista Rodolfo Gabrielli, Orlando Braceli, increpó a Domingo Cavallo, el ministro de Economía nacional y gestor del manotazo a las provincias. Fue tan dura la discusión que Braceli le ofreció a Cavallo dirimir el pleito a las trompadas. Como era de suponer, Menem le ordenó a Gabrielli que echara a Braceli, medida que ejecutó el gobernador mendocino al otro día.

En el 2012, los radicales opositores al gobierno de Francisco Pérez lideraron en la Legislatura un proyecto de ley para obligar a Pérez a demandar al gobierno de Cristina por ese 15 por ciento de la coparticipación. Obviamente, Pérez se oponía a enfrentarse a Cristina. Pero, en la Legislatura, el debate fue muy cerrado y terminó empatado. Debió desempatar el vicegobernador Carlos Ciurca y lo hizo siguiendo la lógica del peronismo de entonces, alineado a Cristina, aunque no recibiera beneficios de ningún tipo de aquella presidencia. Votó en contra y el proyecto se archivó.

Hoy, en el gobierno de Cornejo hacen cuentas y dice que si se hubiera demandado a la Nación, Mendoza habría recibido 30 mil millones de pesos, como lo hicieron entonces San Luis, Santa Fe y Córdoba. Mendoza recién demandó a la Nación por ese concepto en el 2016, apenas asumió Cornejo. Como Macri promovió un acuerdo de pago con todas las jurisdicciones, Mendoza está recibiendo la devolución de ese 15 por ciento, pero por un total de 15 mil millones, la mitad de lo que le hubiese correspondido si hubiera realizado la demanda en el 2012.

Cuando asumen sus funciones, los gobernadores y ministros juran proteger los bienes del Estado, sometiéndose a los designios de Dios y la Patria. “… Si así no lo hiciere, que Dios y la Patria me lo demanden”, dicen al final de la formalidad, generalmente leída. Como se sabe, el asunto de Dios queda supeditado a los creyentes y nunca sabemos cómo resulta su intervención ante una promesa incumplida. Para el resto, hay pruebas acabadas y suficientes de que la Patria es bastante perezosa para hacer tronar el escarmiento.

Fuente: El Sol

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