Economia Social NOTICIA NUEVA!!! 

La economía social, constructora de cohesión social

El Comité Económico y Social Europeo (CESE) publicaba el pasado 15 de mayo (2019) un Dictamen exploratorio (solicitado por la Presidencia rumana del Consejo) sobre “La contribución de las empresas de la economía social a una Europa más cohesionada y democrática”.

La relación entre la economía social y la construcción de una sociedad cohesionada y equitativa, más democrática, es un tema muy trabajado en el sector, en la universidad y en las Instituciones europeas. Ya en 2002 se celebró en Salamanca una conferencia europea de economía social, bajo la Presidencia de España de la Unión Europea (UE), que trató este tema. El propio CESE ha realizado algún otro dictamen en este sentido. Lo ha trabajado, también, el Comité de las Regiones Europeo valorando a las empresas de economía social como los aliados naturales de los poderes locales, los más cercanos en la creación de la cohesión social. Es valorable que, ahora, el CESE, nuevamente, insista en ello. Sobre todo, lo es porque son evidentes las consecuencias desgarradoras para la cohesión social de esta “sociedad de mercado” que desea que ninguna norma le regule. La pobreza se profundiza y se extiende mientras que la riqueza se concentra y se agranda; la precariedad toma cuerpo en nuestro esquema laboral y tener trabajo ya no asegura salir de la penuria, según Oxfam se pueden tardar hasta cuatro generaciones para salir de la trampa de la pobreza. Los salarios desproporcionados de los ejecutivos de determinadas empresas rayan con lo impúdico cuando se comparan con los salarios de la base laboral de esa misma empresa. El capitalismo crea incomprensibles desigualdades sociales e injustos repartos de la riqueza. El CESE afirma que “no puede dejar de constatarse que numerosos elementos van haciendo mella progresivamente en los cimientos de nuestras sociedades, que se basan en la democracia y la cohesión social: reducción del gasto público y de las redes de protección que este ofrece, lógica del beneficio y de la rentabilidad a corto plazo de los mercados financieros y especulativos, auge del populismo y aumento de la desigualdad… Los datos reflejan que la cohesión social tiene debilidades importantes que, de no corregirse, dañaran el esquema social de forma irreversible”.

“En esta ‘sociedad de mercado’ que desea que ninguna norma le regule, la pobreza se profundiza y se extiende mientras que la riqueza se concentra y se agranda; la precariedad toma cuerpo en nuestro esquema laboral y tener trabajo ya no asegura salir de la penuria”

En esta situación hay empresas que rompen esa dinámica e insertan en el territorio, donde actúan, valores y comportamientos distintos. Generan confianza, como afirma el Comité de las Regiones. Según el CESE: “las empresas de la economía social aportan, dentro de la diversidad de sus sectores de actividad, múltiples respuestas para evolucionar hacia una sociedad más cohesionada y cuidadosa con el interés público. La economía social es un motor clave del desarrollo económico y social en Europa, fundamentado en 2,8 millones de empresas y 13,6 millones de empleos que representan el 8% del PIB de la UE. Las empresas de la economía social desempeñan un papel clave en la creación y el mantenimiento de empleos de calidad, el éxito del pilar europeo de los derechos sociales y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible… Las empresas de la economía social se caracterizan por el hecho de que sirven al interés general o a una comunidad y no tienen como fin maximizar sus beneficios. Su objetivo es claramente social: se trata de mejorar el bienestar individual y colectivo reduciendo las desigualdades y mejorando la cohesión social. Se trata además de contribuir a desarrollar empleos de calidad en empresas socialmente responsables… La economía social contribuye a la expresión de una ciudadanía activa y participa en la prosperidad individual y colectiva. Interviene en todos los ámbitos: económico, social y medioambiental”.

“Las empresas de la economía social desempeñan un papel clave en la creación y el mantenimiento de empleos de calidad, el éxito del pilar europeo de los derechos sociales y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible…
Las empresas de la economía social se caracterizan por el hecho de que sirven al interés general o a una comunidad y no tienen como fin maximizar sus beneficios”

Construir cohesión social es un signo de responsabilidad de esta forma de hacer empresa, y lo debería de ser de todo tipo de empresa. Pues la cohesión social es base para una sociedad del bienestar. El CESE dice que la cohesión social “es, según el Consejo de Europa, la capacidad de una sociedad de garantizar el bienestar de todos sus miembros, reduciendo las disparidades y evitando la marginación. Para la Comisión Europea, la ambición de la política de cohesión económica, social y territorial es reducir las diferencias de riqueza y de desarrollo entre las regiones de la UE. Las vulneraciones de la «cohesión social» provocan el aumento de la crispación y del repliegue identitario, caldo de cultivo de teorías antidemocráticas. La democracia y la cohesión social, la organización libre e independiente de la sociedad civil son elementos constitutivos del proyecto europeo, aunque hoy puedan ser objeto de debate. La economía social, a través de sus fines esencialmente sociales o con repercusiones sociales, responde de manera práctica a los objetivos de cohesión y de desarrollo promoviendo al mismo tiempo un modelo democrático”.

Esta forma de emprender construye sociedad, y sus empresas, “en cuanto parte de una economía centrada en las personas y no en el capital, pueden considerarse un componente de esta sociedad civil”. En ello se une a todo lo que actualmente se llama “tercer sector”, pues también las asociaciones se han considerado economía social. Los franceses desarrollaron este concepto desde las cuatro familias que lo integran: Cooperativas, Mutualidades, Asociaciones y Fundaciones (CMAF). En España, uno de los pocos países europeos que tiene una ley sobre economía social, se integran también las Empresas de Inserción, los Centros Especiales de Empleo y las Cofradías de Pescadores. Las fundaciones fueron criticadas en ciertos países europeos por ser, algunas, una extensión de la gran empresa tradicional. Todo ello forma un conjunto cuya unidad de acción se demuestra, precisamente, en la construcción de la cohesión y de la equidad social frente a la acción de la empresa tradicional desmarcada del sentir social (salvo cuando le interesa para captar su consumo). Dice el CESE que “en cierto modo, la sociedad civil es una incubadora para el desarrollo de las empresas de la economía social y, por consiguiente, un acelerador de la cohesión. Mediante la creación de empresas de la economía social, la sociedad civil puede conceder a determinadas minorías el derecho a ser oídas…, que no serían necesariamente tomadas en consideración por empresas más tradicionales. En un momento de auge de movimientos xenófobos y de regresión democrática, las empresas de la economía social pueden contribuir a una mayor democracia y cohesión (artículo 2 del Tratado), por ejemplo: en la cuestión de la integración de los migrantes”. Aspectos todos ellos normalmente ignorados por la empresa tradicional.

“En un momento de auge de movimientos xenófobos y de regresión democrática, las empresas de la economía social pueden contribuir a una mayor democracia y cohesión (artículo 2 del Tratado), por ejemplo: en la cuestión de la integración de los migrantes”.

El motor de esta acción positiva hacia la sociedad, según el CESE, es que “la democracia ocupa un lugar central en la definición de la economía social y de las dinámicas promovidas por sus empresas. La democracia «interna» evoca el principio de «una persona, un voto» dentro de los órganos encargados de la toma de decisiones, la participación de varias categorías de agentes en la gestión de la empresa, como los trabajadores, los usuarios o los beneficiarios. Sin embargo, el papel de las empresas de la economía social en la democratización de nuestra economía va más allá de sus modos de gestión interna. En efecto, existe una dimensión democrática que ofrece a los ciudadanos la posibilidad de participar en actividades colectivas y contribuir a los debates de la sociedad. En este sentido, las empresas de la economía social constituyen una auténtica escuela de democracia participativa”, porque dan voz a todas las personas, no actúan como la empresa tradicional, normalmente provocadora de exclusión social. Su eficacia cohesionadora podría influir en integrar en mejores condiciones la propia UE, según el CESE: “el desarrollo de la economía social en estos países (los países del Este recientemente integrados en la Unión) podría contribuir al objetivo que persigue la UE de consolidar un espacio europeo integrado en el que reducir y eliminar las desigualdades sociales y económicas entre la EU-15 y los doce nuevos países miembros de Europa oriental y meridional”.

 

Además, la economía social es innovadora socialmente al inventar soluciones empresariales allá donde el mercado genera exclusión. “Están proliferando nuevos modelos de negocio que transforman la relación entre productores, distribuidores y consumidores (como la economía funcional, la economía participativa y las finanzas responsables). Las empresas de la economía social no son nuevas, sino que encajan en esta categoría de modelos económicos alternativos, ya que todas ellas tratan de responder a otros desafíos para las personas y el planeta que resultan cruciales para el desarrollo sostenible, como la justicia social, la gobernanza participativa y la conservación de los recursos y el capital natural. La Unión Europea puede convertirse en líder en modelos económicos innovadores que hagan de la prosperidad económica una idea indisolublemente unida a la de protección social y sostenibilidad medioambiental de alta calidad, y definir una «marca europea» en este ámbito. Por ello, la UE debe ser ambiciosa al abordar esta cuestión”.

 

Esta aportación positiva de la economía social a la sociedad provoca que el CESE demande a los Gobiernos de los países de la UE que atiendan a esta forma de emprender:

 

•  “El CESE aboga por que los Estados miembros y la Comisión Europea reconozcan la contribución de las empresas de la economía social al desarrollo de una ciudadanía activa y al bien común, así como a la promoción del modelo social europeo y a la construcción de una identidad europea. Este reconocimiento solo adquiere su pleno sentido si se asignan los recursos adecuados y se fomenta el uso y la difusión de la innovación y el conocimiento”.

 

•  “El CESE reitera que es esencial promover las empresas de la economía social mediante políticas públicas ambiciosas y transversales, así como a través de un plan de acción europeo para la economía social… Al igual que ha hecho en dictámenes anteriores, el CESE pide a las instituciones de la UE y a los Estados miembros que garanticen un apoyo específico a la innovación social, que incluya el reconocimiento y el apoyo político de las empresas de la economía social y la sociedad civil como agentes clave en la sociedad, así como la creación de un entorno propicio”.

 

•  “El CESE lleva tiempo pidiendo un plan de acción para las empresas de la economía social que garantice el desarrollo y el crecimiento y libere todo el potencial de este sector en Europa. Para el CESE, las empresas de la economía social forman parte de la economía formal y no entran en conflicto con otros modelos empresariales. Sin embargo, la mayoría de los programas existentes de apoyo, desarrollo y puesta en marcha de empresas, no suelen brindar el apoyo ni las condiciones adecuadas —como legislación e instrumentos financieros— que necesitan las empresas de la economía social, sobre todo porque están diseñados para un modelo y una lógica empresariales más convencionales y tradicionales. Además, se debe dar pleno reconocimiento y permitir la plena participación de las empresas de la economía social en el diálogo social”.

 

“Los poderes públicos han de reconocer esta forma de hacer empresa como agente económico imprescindible para la construcción social y, por ello, la deben integrar en el dialogo donde se construyen políticas públicas y deben crear instrumentos (financieros, formativos…) que las potencien”.

Lo que se está expresando con este Dictamen es que los poderes públicos han de reconocer esta forma de hacer empresa como agente económico imprescindible para la construcción social y, por ello, la deben integrar en el dialogo donde se construyen políticas públicas y deben crear instrumentos (financieros, formativos…) que las potencien. Estas empresas expresan la existencia de grupos de personas generadoras de fuerza creativa para innovar soluciones económicas y empresariales que actúen con valores de compromiso social, territorial y medioambiental y, por ello, contribuyan a trasladar a la sociedad cohesión y equidad. Especialmente porque se constata lo contrario en la acción del mercado y sus empresas tradicionales. La economía social es un actor económico imprescindible para los gobiernos que desean crear bienestar social.

Fuente: blog FEVECTA portada

 

Autoría:  Marcos de Castro Sanz

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario