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Los dueños de Verónica blanquearon hasta u$s 420 millones, poseen cuentas en Suiza y pagarán sueldos en 4 cuotas

La procesadora láctea de Santa Fe, con plantas en tres pueblos de la provincia, mantiene su ofrecimiento de pagar los sueldos de marzo en 4 cuotas. Empiezan a revelarse datos sobre un patrimonio millonario en el exterior, generado gracias a la evasión fiscal.

La semana pasada, los trabajadores de la procesadora láctea Verónica recibieron un ofrecimiento impensado e indeseado: cobrar el sueldo en cuatro cuotas, la primera de ellas mañana y la última dentro de 15 días. Fue una sorpresa porque la empresa está trabajando a buen ritmo, cerca de su marca histórica (un millón de litros de leche diarios), y se estima que el mes pasado tuvo una ganancia de $ 37 millones. También se supo (o se extendió más, pues el dato circulaba) que la firma le debe más de $ 10 millones (se habla de hasta $ 16 millones) al gremio Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA) y a su obra social.

Sin embargo, el presidente de la empresa, Francisco Gonzalo Espiñeira, español de 82 años, tiene importantes bienes declarados en el exterior, de acuerdo al blanqueo del 2017. De acuerdo al listado del Banco Nación, al cual accedió Minuto de Cierre en exclusiva, el veterano cuyo DNI es 93.415.138, pagó de penalidad por blanqueo $ 63.580.114. Al tipo de cambio de octubre del 2018, cuando depositó ese dinero, casi u$s 4,2 millones. Como esa penalidad expresa que sus bienes declarados van desde los 42 hasta los 420 millones de dólares.

La empresa tiene un importante depósito, desde donde distribuye a Capital Federal y Gran Buenos Aires, ubicado en la calle Bacacay (barrio de Flores). Además de sus tres plantas procesadoras de leche en Lehman (cerca de Rafaela), Suardi (inmediaciones de Sunchales) y Totoras (cerca de Rosario), todas en provincia de Santa Fe. Pero el dinero producido allí cruzó el Océano Atlántico hacia un país que es símbolo de lavado de dinero. “Uno de los destinos favoritos del “Gallego” Espiñeira eran los bancos suizos. Por lo menos, a mí me acercaron el extracto de su cuenta en uno de ellos”, le contó a este medio una fuente del sector lácteo. También explica el origen de esta fortuna: entre 2010 y 2012 principalmente, la tonelada de leche en polvo se vendía a alrededor de 5.400 dólares, con un costo de 2.200 dólares. “Las exportaciones eran subfacturadas, las declaraban cerca del costo. En consecuencia, con cerca de 3.000 dólares evadidos por tonelada, enviaban casi toda esa plata al exterior”, cuenta la misma fuente.

Por ese entonces, los dueños de Verónica volcaron casi toda la producción de leche a su variante en polvo, y a la manteca, los dos productos más exportables. Casi sacaron de las góndolas sus otros productos. Los corría la sensación de hacer más ricos “ahora o nunca”, y no se equivocaron. Aunque infringiendo la ley, evasión fiscal mediante.

Fortuna expuesta, problemas en puerta

Por estos días, el blanqueo público de la fortuna del patriarca Espiñeira puede generarles varios problemas. Por un lado los de tipo fiscal, sobre todo cuando se habla de un proyecto de ley para cobrarle un impuesto extraordinario a los que blanquearon an 2016 y 2017, como hizo Francisco Gonzalo.

El frente familiar, en tanto, ya está abierta. Y depende cuánto conozcan sus herederos de los bienes en el exterior, será objeto de discusión o no. El problema de Verónica, como el de tantas firmas nacidas de una familia, es que con la segunda o tercera generación, cada vez son más los que cobran un sueldo, sin que por ello todos trabajen. En esta láctea santafesina, todo el mundo habla de los “16 sobrinos, nietos o sobrinos nietos del actual presidente”.

En el directorio actual, designado en diciembre pasado, además de “El Gallego” como presidente, los otros cargos importantes tienen el mismo apellido. Alejandro Espiñeira es el vicepresidente, Ariel director, en tanto que los directores suplentes son María Rosa Espiñeira Dianti, José Andrés y Mariel Espiñeira.

Sobre ellos, un allegado a la empresa señala. “Si Francisco, con 82 años, debe llevar las riendas de la empresas, es porque sus hijos y nietos no sirven de mucho. Alejandro es un atorrante, María Rosa es la que más trabaja, y el resto hacen lo que pueden”.

Claro que, a la hora de cobrar un sueldo de directivo, no sólo los mencionados están en esa lista de la felicidad, sino también otras 11 personas. Que además no lo cobrarán en 4 cuotas, como le propuso ese directorio de privilegiados a los trabajadores de la empresa.

Fuente: Logo Footer

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