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Para derrumbar narrativas hegemónicas

#QuéAgroecologíaNecesitamos | Entrevista a Facundo Cuesta, de Huerquen – Comunicación en Colectivo: Cuando hablamos de comunicación popular no solo estamos hablando de la circulación de información por fuera de lo que nos quiera decir el poder hegemónico. También hablamos (o deberíamos hablar) de una actividad que apunta a recuperar sentido; a replantear el significado de la experiencia humana a través del repaso de la historia. A recobrar saberes para, a partir de ahí, construir poder popular tejiendo redes que sostengan lo colectivo por sobre lo individual.

La historia de Huerquen empezó con la cobertura del primer congreso del Movimiento Nacional Campesino Indígena. Conociendo las experiencias anteriores de Facundo Cuesta y Rodrigo Lendoiro (quienes comenzaron el proyecto en aquel septiembre de 2010), es fácil entender por qué eligieron ese evento como punto de partida. Ambos venían de compartir una experiencia sindical de muchos años. Una experiencia que fue generándoles contradicciones y trayendo discusiones acerca de lo que veían en otros espacios, fuera del ámbito de la práctica gremial. “Veníamos con un planteo más esquemático con respecto a la idea del rol de los trabajadores para poner en crisis al sistema; y empezamos a ver que lo que realmente estaba tensionando al sistema -agujereándolo, poniéndolo en crisis- en general no venía de los trabajadores (salvo en el caso de las fábricas recuperadas, que es la experiencia que nos parece más interesante), sino que venía de comunidades originarias, del movimiento socio ambiental, del campesinado. Venía de grupos de mujeres, de grupos que hacían cultura en los barrios. Sentimos el calorcito de esas construcciones, de esa vitalidad, de ese deseo. Y coincidió con que nosotros fuimos entrando en crisis y buscando nuevos horizontes”. Cuando, entonces, dejaron la militancia sindical y se plantearon por dónde seguir, tuvieron claro que la lucha tenía que darse desde la comunicación, y fueron echando mano de las herramientas que tenían: escribir, sacar fotos, entrevistar.

Diez años después, Huerquen es un colectivo militante que asume la forma de un medio popular de comunicación, cuya agenda está marcada por los debates en los que participan como colectivo político. “Las luchas que intentamos reflejar en la agenda que construimos son luchas que intentamos habitar, en la medida de lo posible. Participamos de espacios de articulación como el Foro Agrario, de los Encuentros de Pueblos Fumigados, de la lucha contra la modificación de la ley de semillas, de espacios culturales autogestivos, etc. Ahí damos debates desde nuestras posiciones y, nos planteamos los materiales que entendemos que hacen falta producir, las voces que necesitamos amplificar”. Comunicar, para Huerquen, no es solo producir una nota, es participar del proceso de lucha y de disputa de sentido. “Creemos que el paradigma dominante tiene fuertes estructuras narrativas en las que se sostiene. Poder avanzar hacia otras formas de organización social y poder derrumbar estructuras opresivas para nuestros pueblos implica también derrumbar sus narrativas. Por ejemplo ahora, en contexto de pandemia mundial, la narrativa neoliberal de que el Estado tiene que correrse de todo estalló en pedazos. Y si bien eso pasó por las consecuencias de la pandemia, es una narrativa que se venía poniendo en discusión (y que acá fue muy fuerte en el debate del último proceso eleccionario). Y así como el paradigma neoliberal está asociado al de la Revolución Verde. Los mitos que instaló la Revolución verde se están cayendo a pedazos (desde lo ambiental, desde lo agronómico, desde la salud, desde lo social), pero se sigue sosteniendo una narrativa de base que dice que necesitamos la biotecnología para alimentar a la humanidad. Y eso la propia humanidad lo ha refutado. Entonces la producción de material que nos planteamos está vista desde ese lugar: desde la disputa de las narrativas además de la información concreta”.

Como colectivo, comparten la idea de que agroecología no es una mera técnica de producción. Sostienen que esa discusión no es inocente y amerita un serio análisis político, con el foco puesto en las grietas que hoy lucen los modelos de producción masivos. “Hoy el modelo agroindustrial hegemónico a base de transgénicos y venenos está en crisis; la misma FAO está diciendo que se llegó a un límite y que necesitamos cambiar. Y ahí la agroecología surge como la agricultura del futuro. Lo decimos nosotros convencidos, pero también lo dicen algunos personajes que fueron parte de la Revolución Verde y que ahora, como ratas, están buscando cómo adaptarse a lo que viene. Ahora dicen que abrazan la agroecología, después de denostarla durante muchos años diciendo que era un cuento, que no era productiva. Y esos son justamente los que hacen ese recorte de la idea de agroecología; es el capital que intenta reinventarse -ahora en modo verde-. Y creemos que es importante defender esa palabra que está bajo asedio, pero creemos que hay que defender la perspectiva política amplia de esa propuesta, y defender a los sujetos que la van a sostener y a desarrollar; los que son y fueron sus guardianes. Parece una palabra nueva pero es una práctica que las comunidades llevaron a cabo durante miles de añosPor eso hablamos de agroecología de base campesina, porque entendemos que es imposible disociarla de la idea de Soberanía alimentaria, que es el gran aporte del movimiento campesino mundial. Que los pueblos decidamos qué comemos. Que tengamos el control del proceso productivo de lo que nos alimenta, que podamos discutir el territorio y cómo construimos un vínculo con el ecosistema y, a partir de ahí, debatir qué pasa con nuestra sociedad. Creemos que a través del plato de comida es posible discutir toda la sociedad.

En un sistema capitalista que reordena el territorio a conveniencia propia -y no según las necesidades de las poblaciones-, las migraciones forzadas y la situación de hacinamiento en la que vive buena parte de la población son ejes de discusión desde un primer momento para el colectivo. “Se expulsan poblaciones desde el campo, violentamente, hacia las ciudades; y al mismo tiempo la especulación inmobiliaria no te deja entrar a la ciudad: te expulsa el campo y te expulsa la ciudad. La pandemia está dejando en evidencia cosas que teníamos naturalizadas. En relación al ordenamiento territorial evidencia que con esta forma de organizar el territorio no podemos vivir bien. Estamos en una crisis sanitaria justamente por las condiciones de hacinamiento en las que vivimos. Imaginate si tuviéramos hecha una reforma agraria y hoy tuviéramos doce o trece millones de personas viviendo en espacios de una o dos hectáreas. No es nada descabellado, hay que hacer la cuenta nada más. este ordenamiento territorial se sostiene sobre narrativas que sostienen que vivir en el campo es vivir en el atraso; y que todo lo bueno, lindo y piola sucede en las ciudades. Las nociones de “atraso” y “progreso” no son para nada inocentes. El capital ha conseguido cerrarse como un sentido común y colonizar las imágenes de la felicidad, que para una parte grande de la población está asociada a consumos que son básicamente urbanos. Esa imagen de la felicidad no está puesta en tener espacio, en tener luz, en tener la posibilidad de producir tu propio alimento ¡No está puesta en tener tiempo!

Los escenarios cambian, y cada momento plantea distintas discusiones y diferentes narrativas con las que discutir. En los comienzos de Huerquen, durante el gobierno de Cristina Fernández, el foco del colectivo se centraba en los debates sobre el desarrollo y la falsa dicotomía que decía que ‘o se cuidan la salud y el medio ambiente, o se tiene trabajo’. “Y ese es el discurso con el que las corporaciones llegaron a los territorios: la idea de que necesitábamos generar divisas y que para eso necesitábamos los transgénicos, la mega minería y la producción hidrocarburífera para desarrollar la matriz productiva. Y cuando buscábamos darle voz a eso que no aparecía en los medios -ni siquiera en los círculos del pensamiento crítico, donde a veces te decían que criticar era hacerle el juego a la derecha- entendíamos que en última instancia los territorios no podían ganar si no había una discusión de narrativas profundas. ¿Hasta qué punto podés ganar cuando todo el orden del sentido te dice que estás equivocado?”. En Huerquen entienden que para poder pasar de una fase de resistencia a una ofensiva hay que generar ese debate de la narrativa no sólo con la matriz neoliberal, sino también con la neo desarrollista, que ahora vuelve con el gobierno de Alberto Fernández. “Vuelve distinta, hay que decirlo: no solo pasó la experiencia del macrismo, sino también la de la organización popular, que ayudó a que quienes no la veían, hoy la vean. Hay discusiones en las cuales somos aliados, pero otras donde vamos a tener enfrentamientos, como cuando se plantea el desarrollo de la megaminería, la explotación de Vaca Muerta, o seguir impulsando el agronegocio. Pero sí hay discusiones que ese movimiento ha ido ganando. Cuando hace cinco años muchas organizaciones planteábamos esas cuestiones nos miraban como a marcianos. Discusiones que las organizaciones fuimos pudiendo instalar y hasta ganando. Es una discusión que va a seguir; que se dará en los mejores términos posibles, pero no podemos permitir que destruyan los territorios por lógicas productivistas. Las comunidades ya vienen diciendo que van a resistir, que las mineras no van a entrar. Las organizaciones campesinas ya están planteando la necesidad de una reforma agraria integral en nuestro país. Y para todos estos debates necesitamos fuertes usinas de disputa simbólica, sin la cual es muy difícil que podamos avanzar en lo concreto. Junto con mostrar una experiencia, tenemos que hacer el trabajo enorme de unir una discusión que puede parecer grande, lejana, abstracta, con esa cantidad de elementos de la vida cotidiana de millones de personas que tienen enormes dificultades; construir ese puente entre la experiencia concreta de una persona y un debate de época”.

Huerquen propone una forma de comunicación desde la base, con una profunda lectura de las enseñanzas de los pueblos y con una mirada a futuro que parte desde la conciencia de un presente de lucha, de autogestión y de solidaridad, entendiendo la necesidad de tejer redes de trabajo y de comunicación. “Creo que estamos en un momento nuevo en el país, que aunque mantiene la misma matriz, muestra cuestiones positivas, como mencionar a los movimientos campesinos (que tanto hicieron para la derrota política del macrismo) en los discursos. Organizaciones que plantean alternativas concretas -y que ya están funcionando- para que todo pueda ser diferente en cuanto al modelo agropecuario, por ejemplo. Hay un trabajo enorme para hacer. Hay una belleza enorme en la construcción popular. Espacios donde, aunque sea en forma parcial, se dejan en suspenso las lógicas que instalan el capital, el patriarcado, el colonialismo. Entonces, en esas ventanas que ya existen (como dicen los zapatistas, el mundo nuevo ya está caminando), hay una tarea enorme y grata de mostrar eso otro que ya somos. Ese otro mundo que balbucea, que gatea. Es una tarea enorme, un desafío hermoso”.

Este artículo es parte del proyecto “Profundizando debates sobre experiencias agroecológicas para la soberanía alimentaria” realizado con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo. 

Fuente: La Bio Diversidad

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