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Máximo Paz: trabajadores de la UTT realizan sus primeras cosechas

Son productores agroecológicos que hace un año cerraron un comodato con Frigocarne para utilizar parte de su predio. Tras meses de preparación ya comercializan sus primeras producciones.

Crece un proyecto de cooperación y asociación po­pular en Máximo Paz, integrantes de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) recolectaron la se­mana pasada su segunda producción luego de un arduo trabajo de seis meses y tras firmar un comodato con la Cooperativa Frigo­carne.

Los trabajadores maxi­mopaceños siempre tuvie­ron el deseo de concretar pactos para utilizar parte de su enorme predio para producciones agroecoló­gicas. Hubieron intentos anteriores pero los mis­mos no cumplieron con los objetivos planteados y concluyeron. Hasta que hace un año dos familias pertenecientes a la UTT acordaron un comodato por cinco años con los trabajadores frigoríficos y pusieron manos a la obra.

Inés Flores, de 40 años y ex productora de la ciudad bonaerense de La Plata, planteó “fue una propues­ta entre cooperativas, en donde ellos nos cedían la tierra para poder trabajarla. Nosotros tenemos la idea de una producción sana e impulsar lo que es la agroecología. Apostamos, le pusimos todas las ganas y se ve”.

El terreno es inmenso y nunca fue trabadado, por ello la actividad no fue sen­cilla. Uniendo voluntades y esfuerzo las dos familias encargadas del proyecto enfrentaron la labor con el objetivo de obtener una producción sana, de esta­ción, sin químicos y con precios accesibles.

“Estamos trabajando al­rededor de tres hectáreas y media –son alrededor de cinco en total–. No usamos químicos y tenemos ver­duras de estación. Usamos el rumen de la vaca que nos sirve como abono y reemplaza los químicos. Nos pusimos a buscar las herramientas, la gente de Frigocarne nos brindó un disco y la UTT tiene un tractor en la regional de San Vicente, pero bueno todo tiene un costo y un proceso por eso recién aho­ra estamos arrancando con más variedad de verduras”.

La primera cosecha no fue tan buena, contó Inés, porque la tierra “nunca fue movida”, pero la segunda producción aumentó, al igual que la variedad. “La tierra tomó calor y se fue embostando. En la segunda cosecha hicimos un variado de lechuga, acelga, brócoli, coliflor, repollo, puerro y perejil. Verdura de hoja y estación”.

La familia está com­puesta por Inés, su pareja Rufino Castillo, su hija Patricia Castillo y su yerno Ariel Guzmán. Los cuatro construyeron una humilde morada y están dedicados por completo a la siembra. “Es lo que nos gusta hacer, le ponemos dedicación, amor y solidaridad. Que­remos abastecer al que se acerque a un precio justo y con una verdura sana. En La Plata trabajaba con químicos y hoy me pongo a pensar ¿cómo no lo hacía­mos antes así, de manera ecológica? Pensaba que era imposible pero juntán­donos como productores y aportando lo que cada uno sabe llegamos a hacerlo”.

El público que se acerca al matadero de avenida Pe­reda al 900 puede comprar en pequeña cantidad, al igual que las verdulerías. La mayor parte de la pro­ducción se vende en una comercializadora propia de la agrupación mientras crece el boca a boca.

De cara al futuro los productores están traba­jando en una producción de frutillas, que estaría para septiembre u octubre, y tienen el proyecto de armar un vivero.

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Inés Flores, trabajadora de la UTT.

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