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UNA DANZA DIABÓLICA

Hoy los conflictos locales adquieren importancia central y constituyen el principal campo de batalla.

Un mundo atormentado ve pasar horas, días y semanas mientras aumenta la angustia de muerte, la incertidumbre, el hartazgo del confinamiento y la miseria creciente. La pandemia ha desnudado un campo de batalla donde los conflictos explotan por doquier, dinamitando el frágil tejido social. También ha sacado a la intemperie pasiones que desguazan a la humanidad desde épocas sin memoria. Hoy salen de su eterna combustión y se desparraman por el mundo. En la primera línea de avanzada aparece la usura, esa búsqueda insaciable de más poder en todos los órdenes de la vida social.

Millones y millones de individuos, fragmentados y aislados, sometidos a la precariedad del trabajo, la educación y la salud, sujetos de por vida a deudas que nunca se terminan de pagar, están permanentemente amenazados por el contagio del virus. Al mismo tiempo, una élite embriagada de avaricia busca acumular poder y, protegida por el buen vivir, puja por levantar la cuarentena para continuar sus negocios. Estos son los actores de una danza diabólica que escribe las reglas del mundo que vendrá.

Hoy todo vale con tal de acaparar más poder, la llave de todas las riquezas. Esto lleva al país del norte a pulverizar diariamente el principio que lo refundó como nación luego de una guerra civil terriblemente cruenta. Al enterrar a los muertos de la batalla de Gettysburg, Abraham Lincoln habría de expresarlo con claridad meridiana: “Resolvamos aquí firmemente que estos muertos no habrán dado su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra”. (Subrayado mío, discurso al inaugurar el cementerio de Gettysburg 19/12/1863.) El eco de estas palabras resuena en un presente que las niega todos los días. La maximización de ganancias en todos los órdenes de la vida social no deja espacio para concesiones de ninguna índole. El interés general es sustituido por el interés de un sector cada vez mas reducido de la población. Este olvido del bien común no es casual.

La violencia de la usura se muestra sin atenuantes: se acumula poder tensando al infinito, sin limites, y abriendo las compuertas al canibalismo social. Esta pasión por el poder no es nueva. Lo nuevo es la profundidad con que se ha naturalizado y la inexistencia de valores y normas que le pongan un límite. Esto ocurre en un mundo integrado económica y financieramente como nunca antes ocurriera en la historia de la humanidad. Un mundo donde la concentración de la información y la capacidad de manipulación de las ideas y opiniones ha alcanzado un nivel inédito. Apelando a miedos ancestrales, las élites sustituyen las verdades por mentiras y siembran el odio y la intolerancia. Hoy los signos y las palabras son parte esencial de un arsenal de guerra en un mundo militarizado hasta los dientes, donde la acumulación de capital conduce a una situación sin salida, a una crisis sistémica que pone a nuestra civilización y a la vida humana en riesgo de desaparición.

En este contexto, Estados Unidos muestra la profundidad de un abismo que nos concierne a todos. La protesta social que hoy lo sacude es única en su genero pero apela a todos los olvidados de este planeta. No es solo una respuesta al racismo puesto al desnudo por la violencia abusiva de una policía militarizada. Es también una revuelta contra un sistema de organización social impuesto por un núcleo cada vez más reducido de poderosos intereses. Norteamericanos de todas las razas participan hoy de protestas callejeras que no se atenúan, anunciando el surgimiento de un nuevo actor social, cada vez más despojado de todos los bienes de este mundo y endeudado de por vida.

Nouriel Roubini, prestigioso economista de los círculos financieros norteamericanos, acude a Marx y a Engels para definir la aparición de “una nueva clase de trabajadores precarios e informales, listos para la radicalización y la movilización contra una plutocracia (o lo que Marx llamo una burguesía). Esta clase esta creciendo nuevamente, ahora que grandes corporaciones altamente endeudadas responden a la crisis de Covid-19 como lo hicieron en 2008: imponiendo su rescate financiero y disminuyendo drásticamente su costo laboral para aumentar sus ganancias… El nuevo proletariado, el Precariado, ahora se rebela… No tiene nada que perder mas que sus propias cadenas. Tienen un mundo para ganar” (N Roubini, project-syndicate.org 24 6 2020).

En nuestro sur la pandemia también desnuda un campo de batalla donde resuenan ecos de una lucha sin concesiones. Poderosos grupos económicos pretenden impedir que el gobierno cumpla con el mandato de las elecciones de 2019: terminar con el hambre y la pobreza que sumergen a cerca del 40% de la población y restablecer el Estado de Derecho. Esto ocurre en un país que tiene capacidad para alimentar a 400 millones de personas y está en las garras de una recesión y endeudamiento de magnitudes inéditas. Esta aberración da una idea de la intensidad de una codicia que ha vaciado a la economía del país con una fuerza destructiva equivalente a una guerra. Hoy estos grupos económicos también se niegan a financiar los costos de la pandemia y exigen que el Estado pague buena parte de los salarios en sus empresas, que se los exima del pago de impuestos y se les aseguren sus ganancias monopólicas.

El peligro de esta angurria sin límites fue advertido tempranamente en nuestra historia. En 1824, ante las luchas internas que amenazaban con desmembrar al país en una guerra civil, un diputado provincial clamaba por la necesidad de un “sacrificio de intereses para que haya un interés general… es menester que haya entre unos y otros transacciones, sacando cada pueblo y cada individuo todo lo que puedan en su favor, y ni se conceda a unos todo lo que ellos piden ni se deje de dar lo que positivamente reclama la necesidad». (Subrayado mío, sesiones del Congreso de 1824, 20 enero 1825, discurso de Julián Segundo de Agüero, en Juan Álvarez, Las guerras civiles argentinas, EUDEBA, 1966 pp 83.) Esta advertencia, desoída hasta nuestros días, adquiere hoy particular relevancia.

 

 

Julián Segundo de Agüero.

 

 

Esto, sin embargo, no es todo. La pandemia corre el velo de la usura enroscada en el corazón del capitalismo global monopólico, pero también descarna al mecanismo que la reproduce tanto en la periferia como en los países más desarrollados: el endeudamiento sin límites.

Hoy las finanzas muestran su esencia: ser una guerra donde no se disparan tiros pero se aprieta al enemigo hasta extinguirlo, una guerra que condena a la destrucción de todas las sociedades, tanto del centro como de la periferia del capitalismo.

En tiempos muy remotos, los pueblos tomaron conciencia de la fuerza brutal del interés compuesto, es decir: del crecimiento exponencial de deudas cuyos compromisos no podían ser enfrentados cuando los productores perdían sus cosechas como resultado de una catástrofe natural o de una guerra. Es así como surgieron drásticas limitaciones a los intereses a cobrar, y sistemáticas condonaciones de cierto tipo de deudas. Estas limitaciones pautadas en códigos legales (Hammurabi, entre otros), en las costumbres y en las religiones mas antiguas, anidaban su sabiduría en la necesidad de preservar la existencia de las sociedades. Esto se perdió con el tiempo y el abismo que se abre es de tal magnitud que permite replantear críticamente la continuidad del endeudamiento sin límites.

La amenaza de defaults y de crisis financiera sacude hoy al mundo entero. Las élites buscan silenciar la gravedad de la situación mientras los más poderosos se apuran a ganar en el río revuelto. Sin embargo, la pandemia potencia los estragos. También acorta los tiempos del estallido de una ola que ya se ha puesto en movimiento. Esto muestra un horizonte de final abierto.

 

 

Estados Unidos: ola de defaults

La Reserva Federal ha fugado hacia adelante ante la crisis, insuflando aire a la burbuja de los mercados financieros. Por el momento ha logrado poner un piso a la caída de los valores financieros detonada en marzo. Sin embargo, esto no aleja el fantasma del default corporativo y su impacto sobre los bancos.

En estos días, luego de aplicar un test de stress financiero a los bancos, la Reserva Federal anunció la imposición de límites a los grandes bancos para el pago de dividendos y la recompra de sus acciones. El test aplicado demostró, que el supuesto escenario más adverso: una caída del 8 y medio % del PBI, podría comprometer al capital de los grandes bancos, poniendo así en riesgo al sistema financiero. Sin embargo, la Reserva Federal de Atlanta —miembro de la propia Reserva Federal— prevé una caída del 46.6% del PBI en el segundo trimestre (fratlanta.org 25 6 2020). Así es posible esperar un escenario mucho más negativo que el previsto por los tests de stress aplicados esta semana a los bancos. Esto implica que la vulnerabilidad actual de los grandes bancos puede ser muy superior. Las implicaciones de esto llevaron a cuestionamientos dentro del Comité de Directores de la Reserva Federal en torno a la insuficiencia de las medidas finalmente aprobadas y repercutieron en una caída del precio de las acciones de los grandes bancos (wallstreetonparade.com 27 6 2020, zerohedge.com 27, 24, 23/ 6 2020).

Por otra parte, un informe reciente del HFR (Global Hedge Fund Industry), un instituto que sigue el desempeño de los fondos de inversión, advirtió sobre la existencia de una inédita y masiva liquidación de estos fondos ocurrida desde marzo de este año (reuters.com 30 6 2020). Esto ocurre al mismo tiempo que se inicia una ola de defaults bancarios, superior a todo lo acontecido en los últimos once años (zerohedge.com 23 6 2020). Paralelamente, la existencia de 106 millones de préstamos bancarios que desde marzo de este año sufren serias dilaciones en el cumplimiento de sus pagos genera trastornos financieros de índole imprevisible (wsj.com 18 6 2020).

La ola de defaults también amenaza a sectores variados de la economía real, vinculados al consumo, al turismo, la aviación etc. Sin embargo, es la sucesión de defaults de corporaciones vinculadas a la producción de petróleo y gas no convencional la que enciende luces rojas. Desde 1970 se verifica una caída progresiva de la producción de petróleo convencional. A esto se sumó en años recientes la pérdida de rendimiento y el agotamiento de las perforaciones de petróleo y gas no convencional. Ahora, los defaults de corporaciones en yacimientos líderes afectan seriamente a la estrategia de dominación norteamericana del mercado internacional de petróleo y tendrán un impacto grande sobre la política exterior de este país.

Esta semana, Chesapeake, la corporación que detonó el boom de la producción de petróleo y gas no convencional, inició el proceso de quiebra de una deuda que asciende a los 9.500 millones de dólares. Sigue los pasos de otra empresa en bancarrota, Whiting Petroleum, otrora líder en la región más importante de explotación de gas y petróleo no convencional: el Bakken en North Dakota. Se estima que más de un tercio de las corporaciones energéticas están financieramente muy comprometidas, amenazando la estabilidad de varios bancos (zerohedge.com,20,29 6/ 2 7 2020).

 

El peligro latinoamericano

El tumulto de posibles defaults se escucha también en relación a la deuda de las economías emergentes amenazadas ahora por la grave recesión mundial y la pandemia (moodys.com, 17 6 2020; fichte.com 15 5 2020). Sólo en marzo salieron 83.300 millones de dólares de estas economías, superando todo lo acontecido en las crisis financieras del pasado. Hoy hay mas de 20 economías emergentes con bonos de deuda “estresados”, es decir: que cotizan mas del 10% por debajo de los valores de los bonos norteamericanos y hay cerca de 5,5 billones (trillions) de deuda en dólares de economías emergentes que vencen este año (axios.com 2 4 2020).

Por otra parte, hay miles de millones de dólares invertidos en activos complejos que replican la performance de los mercados de deuda de economías emergentes. Un problema crucial radica en los artefactos financieros complejos que acumulan activos financieros de economías emergentes y que además se referencian por la evolución de estos mercados. En este sentido, se destacan los ETFs (Exchange traded funds), vehículo de inversión pasiva basado en bonos de deuda de mercados emergentes. La demanda de inversión en estos fondos ha crecido en la última década al 38% anual. Hoy representan activos por valor de 82.000 millones de dólares (bloomberquint.com 22 5 2020). Son activos opacos que plantean alto riesgo de contagio al default.

Un fondo de inversión de BlackRock, con sus 13.000 millones de dólares el iShare JP Morgan USD Emerging Markets Bond ETF es un ejemplo del potencial riesgo de contagio que implican estos activos. Este ETF de BlackRock busca replicar los resultados de un índice de deuda soberana en dólares, altamente demandado. Sin embargo, según un estudio de Bloomberg, un 35% del valor del índice esta invertido en bonos de deuda de los países más propicios al default, entre los que se cuenta la Argentina. Así un índice altamente demandado puede, sin embargo, ser altamente riesgoso aunque esto no sea evidente.

En los últimos tiempos, se acrecienta una certeza: las inversiones vinculadas a los mercados de deuda de los países emergentes, y especialmente de los latinoamericanos, ofrecen enormes riesgos y ninguna ganancia (bloombergquint.com 29 6 2020).

 

 

Argentina: pandemia, pobreza y usura

Esta semana se confirmó un aumento de la cantidad de personas que en mayo no pudieron cubrir con sus ingresos el equivalente de una canasta básica de alimentos. Esta proporción que el año pasado fue de 7,4% en el AMBA, ahora es del 19,3%. Así, a pesar de que un 52,1% de los hogares del AMBA recibieron algún tipo de asistencia estatal para hacer frente a la cuarentena, esto no impidió que aumentara la inseguridad alimentaria, ni aseguró que la ayuda llegase a todos los sectores vulnerables que sufrieron caídas de sus ingresos (lpo.com 3 7 2020). Paralelamente se conoció esta semana un documento firmado por los curas que trabajan en las villas de La Matanza. El documento denuncia serias inoperancias de la ayuda estatal en la lucha contra el hambre y la pandemia y aclara: “No podemos ni queremos suplir al Estado, pero queremos y podemos colaborar… Es necesario buscar estrategias que fortalezcan la red entre el Estado y las organizaciones comunitarias” (Infobae.com 1 7 2020).

Estos fenómenos muestran algunas de las fallas de la estrategia oficial que vulneran tanto los objetivos que se persiguen como la posibilidad de cumplir con las promesas electorales. Pueden además aislar al gobierno de sus bases debilitándolo en momentos en que arrecia la arremetida de la oposición en su contra. Las grandes empresas alimenticias se han opuesto esta semana a la exigencia oficial de prolongar los precios máximos a los alimentos y tratan de imponer aumentos muy importantes en los precios de productos esenciales (arroz, fideos, harina, aceite etc.). Los proveedores industriales han advertido a los comercios, sobre una disminución de los cupos en las entregas y un acortamiento de los pagos. La excusa es “el aumento del precio de los commodities” y “que no van a vender por debajo del costo” (bae.com 1 7 2020). Así, las grandes empresas se resisten a desdolarizar el precio de los alimentos —aunque su costo es básicamente local— y amenazan con desatar una inflación que impactaría, como la historia lo indica, en los movimientos del tipo de cambio. Para ello cuentan con una arma letal: el monopolio de sus mercados les permite, entre otras cosas, fijar precios y desabastecer.

Por otra parte, el macrismo se abroquela frente a las causas judiciales por el espionaje ilegal. Por un lado presiona a jueces y fiscales para llevar la causa a Comodoro Py donde está su gente del partido judicial. Por el otro lado, algunas declaraciones de esta semana, aunque suenan a delirio, adelantan una estrategia sumamente peligrosa. En particular, se acusó al gobierno de atentar contra la economía de las provincias y se lo amenazó con independizar a Mendoza de la Nación. Esta estrategia fue propuesta por Alfredo Cornejo, como una alternativa ante la falta de apoyo nacional a la construcción de una represa que es cuestionada, por su impacto ambiental, por otras cuatro provincias (lpo.com 30/6 y 1 7 2020). Este exabrupto de Cornejo no es inocente. Fue ensayado el año pasado, luego de la derrota macrista en la primera vuelta electoral, como un proyecto para construir un frente antipopulista independizando de la República a las cinco provincias donde ganó el macrismo (perfil.com 29 10 2019, infobae.com 4 11 2019). Esta balcanización se engarza con las políticas de “cambio de régimen” promovidas por el gobierno norteamericano en las ultimas décadas. A través de “revoluciones de colores”, balcanización de provincias y regiones, y eventualmente ocupación militar en guerras localizadas, el país del norte ha dejado un tendal de países inviables en las regiones con mayor concentración mundial de reservas petroleras.

Esta semana, la negociación en torno a la reestructuración de la deuda externa continuó por su camino sinuoso de marchas y contramarchas en un contexto donde cada vez es más evidente el carácter insostenible de la deuda en un contexto dominado por la pandemia y una recesión interminable. Hoy los conflictos locales adquieren importancia central y constituyen el principal campo de batalla. De ahí la importancia de reafirmar el apoyo activo de los que votaron por el gobierno a una política que busca la solidaridad social y la preeminencia del bien común.

Fuente: El Cohete a la Luna

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