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El perverso y destituyente mensaje del macrismo: “Esto se está poniendo lindo”

En medio de las tensas horas que se vivieron en los últimos días, sobre todo cuando cientos de policías armados rodearon la Quinta presidencial de Olivos, funcionarios oficialistas, opositores, dirigentes sindicales y líderes sociales se pronunciaron en contra de esa metodología, haciendo hincapié en la importancia de defender la institucionalidad.

Sin embargo, se registraron dos sugestivos silencios que de esa manera transmiten mucho más que las palabras: el hecho de que Mauricio Macri y María Eugenia Vidal no se hayan referido públicamente a uno de los episodios más graves vividos en tiempos democráticos, habla que ambos prefirieron la burda especulación política por sobre el peligro que representó la real amenaza a Alberto Fernández.

Otro de esos sugestivos silencios fue el del Procurador de la provincia de Buenos Aires, Julio Conte Grand. En ese sentido, la ministra de Gobierno bonaerense, Teresa García, consideró “sospechoso” que “no haya instruido a los fiscales para hacer la denuncia de oficio por los graves hechos sucedidos” y la utilización de bienes públicos para protestar.

La funcionaria sostuvo que “desde la utilización de bienes públicos para la protesta hasta dejar sin seguridad sectores de la población, el gobierno democráticamente electo y sus habitantes merecen mas protección por parte de los funcionarios del Ministerio Público”.

Entre aquellas voces que se levantaron desde Juntos por el Cambio contra el método extorsivo elegido por los uniformados -a pesar de la legitimidad de sus reclamos salariales-, algunas resultaron llamativas, como es el caso de uno de los más recalcitrantes macristas, el diputado Fernando Iglesias, quien se pronunció “en contra del reclamo frente a la Quinta de Olivos. No es el lugar”.

Pero más allá de los mensajes de rigor que casi por obligación emitieron a través de las redes sociales, referentes del espacio opositor dejaron trascender que, en realidad, puertas para adentro, fue el mismísimo Macri quien el lunes último, cuando se daban los primeros pasos de la revuelta policial, llegó a decir con una indisimulable sonrisa y con el cinismo que lo caracteriza: “Esto se está poniendo lindo”.

Con esas cinco palabras, el ex presidente no hacía más que reflejar el espíritu dominante en Cambiemos, donde se disfruta y se potencia hasta el infinito cualquier obstáculo que deba atravesar la administración del Frente de Todos, con la más que evidente complicidad de los medios hegemónicos. Y todo, con el objetivo de ir erosionando tanto al gobierno nacional como al bonaerense.

Como para que quede claro que hay alguna relación entre la sublevación policial y -al menos- las ideas de Juntos por el Cambio, bastan tres hechos: la camaleónica ex asesora de Patricia Bullrich en Seguridad durante el macrismo, Florencia Arietto, anticipó los hechos más de 24 horas antes de que ocurrieran y hasta con presuntas motivaciones políticas que excedían las reivindicaciones salariales.

Por su parte, la agrupación Banquemos -heredera de los militantes “Defensores del Cambio”, que trabajaron en la campaña 2019- llegó a convocar a un cacerolazo en “apoyo a las fuerzas policiales” y pidió la cabeza del ministro Sergio Berni; y la coronación casi simultánea fue un comunicado del bloque de diputados bonaerenses de Juntos por el Cambio.

Precisameente, JxC hizo una declaración pública en apoyo a la sublevación y exigiéndole “celeridad” al gobernador Axel Kicillof. En concreto, el bloque de diputados de la Legislatura provincial respaldó el reclamo de la Bonaerense.

“Ya pasaron 9 meses de gestión de Axel Kicillof y la Policía de la Provincia de Buenos Aires es el sector estatal más castigado por este gobierno”, aseguraron los legisladores que responden a Vidal, tras lo cual señalaron que los uniformados “nunca tuvieron una actualización salarial, ni recambio de móviles y mucho menos un gobernador que esté comprometido con la institución policial y sus familias”. Claro, se olvidaron del período 2015-2019.

Mientras tanto, por estos días muchos recordaban aquellas jornadas de la Semana Santa de 1987, cuando ante el intento golpista de Aldo Rico y los carapintadas, el entonces gobernador bonaerense, el peronista Antonio Cafiero, acompañó en el palco al presidente radical Raúl Alfonsín, una imagen que hoy se contrapone con el lamentable silencio de Macri y Vidal.

Fuente: INFO135

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