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«Acompañamos a los pequeños productores para que puedan salir de la informalidad y mejorar su productividad en el campo»

Lucas Villar, director de Producción Rural y Actividades Agropecuarias del Municipio de San Vicente y Secretario de Producción de la regional Buenos Aires Sur de la UTT, comparte su experiencia en el territorio y remarca los obstáculos que afrontan a diario las familias que viven de la producción animal. La competencia desleal en el mercado de la leche y los cerdos. Y las estrategias para abaratar los costos y mejorar el sistema productivo.

Lucas Villar es ingeniero agrónomo y se define como un hombre de territorio. Algunas de las respuestas que busca las encuentra cuando se pone las botas y sale a conocer a los productores que desarrollan su actividad a pequeña y mediana escala en las lejanías del conurbano bonaerense. Para Lucas la clave radica en escuchar a quienes producen el alimento. Ver cómo viven, ver lo que hace falta. Generar organización entre productores para conseguir recursos que ayuden a resolver algunos de los males que no cesan en la marginalidad del campo: hambre, costos altísimos, baja rentabilidad, desplazamiento de los pequeños productores, urbanización, falta de acceso a la tierra, caminos intransitables.

A través de la UTT, en articulación con el programa Cambio Rural y el INTA, en 2012 Lucas se hizo cargo de brindarles asesoramiento técnico a 35 productores porcinos del municipio de San Vicente. Lo primero que notaron los especialistas fue que a los cerdos los productores les daban de comer lo que tenían en sus casas y lo que desechaban en las fábricas de la zona: panes vencidos, verduras, restos de tutuca, paquetes de tapas de empanadas,  galletitas. Fue todo un desafío idear una estrategia para mejorar el sistema productivo y hacerle frente al enorme costo que representa en la producción porcina el alimento. Por eso, los productores organizados en la UTT vieron que era necesario que funcione en la localidad de Domselaar una planta de alimento balanceado y presentaron un proyecto. Consiguieron los silos y las maquinarias. Después de seis años lograron que se aprobara.

A fines de 2019, gracias a su conocimiento y experiencia, Villar asumió como director de Producción Rural y Actividades Agropecuarias de San Vicente. Era su primer trabajo en el Estado. Llegó la pandemia y el pueblo cerró. También los negocios privados. La luz de alerta estaba encendida. Había llegado el momento oportuno de mover algunas piezas con ayuda de la logística necesaria, para así conseguir que se empiece a producir en la planta de Domselaar, cuando nadie podía hacerlo. Y cabe destacar que en todos estos meses la fábrica nunca paró: en la actualidad le garantiza el suministro de alimento balanceado a los productores de la zona.

¿Cómo hicieron para abaratar costos y al mismo tiempo obtener un producto de calidad?

Al comienzo de la pandemia el maíz estaba por las nubes porque se había disparado el dólar. Te comía la ganancia. Entonces sembramos una variedad de maíz que desarrolló el INTA que se puede resembrar. Por lo general los maíces que te venden en bolsas y en dólares son híbridos y no se pueden resembrar porque pierden sus características.

Tenemos un precio acorde y un alimento balanceado de muy buena calidad. Actualmente en San Vicente hay once hectáreas de esta variedad de maíz, para abastecer no sólo a la planta sino también para que los productores puedan sembrar maíz en sus campos.

El objetivo de la planta no es generar rentabilidad, sino bajar los costos y mantener los sueldos de las personas que trabajan adentro. Durante el macrismo empezaron a desaparecer los pequeños productores porcinos. Uno veía cómo se comían sus animales. Ibas a visitarlos y se comían los cerdos porque no les era rentable. Y una de las maneras de subsistir era: vender los cerdos o consumirlos y de esa manera acceder a la carne. Pasó lo mismo con los pequeños tamberos que dejaron de producir. Hay productores que aman lo que hacen y siguen luchándola a pesar de que no les es rentable la cría de animales.

¿Es una realidad parecida a la de los quinteros?

Sí. Salvo que en la producción animal, a diferencia de los quinteros, la inversión es mucho más grande. Los tamberos, por ejemplo, necesitan de superficies más grandes para la producción. La mayoría no son dueños de las tierras y terminan alquilando. Y la ganancia es mucho menor. Hoy en día una vaca te sale 150 mil pesos y aproximadamente da 13 litros de leche por día.

En el campo el litro de leche se paga 30 pesos. Y en las góndolas de los supermercados está 70 pesos. Los intermediarios le ganan más del doble.

Tenés mucha inversión en un animal que da ganancias bajas. Acá los productores tamberos hacen masa porque muchas veces no pueden vender leche: se les complica salir por el mal estado de los caminos rurales. Por eso son maseros: ordeñan, cocinan la leche y hacen la masa. Separan el sólido del líquido y hacen como si fuera un queso blanco grande. Los ponen en cajones lácteos y queda un rectángulo de masa sólida. Esto lo ponen en frío y lo pueden conservar hasta que los caminos estén buenos. El líquido lo usan para alimentar a los cerdos y a los terneros. A su vez, las fábricas van a los campos y compran la masa para hacer mozarela. El kilo de masa lo están pagando 230 pesos y con eso hacen un kilo y medio de mozarela. Al masero le pagan dos mangos. Siempre es lo mismo: el intermediario gana más que el productor. A esto se le suma que los riesgos los corre siempre aquel que produce el alimento. Es muy desigual. Imaginá que el masero se sube a una camioneta y va tambo por tambo para comprar la leche. El tambero se levanta  a las cinco de la mañana, está dos horas ordeñando. Después hace trabajo de campo, alambrado y recorrido. A la tarde vuelve a hacer tambo. Es un trabajo muy forzoso.

¿Cuál es la actividad agropecuaria con mayor desarrollo en la región?

La industria más fuerte es la ganadera y le sigue la tambera. Aunque también hay un área de producción de cerdos y aves. Es una zona periférica de cría de animales, aunque al estar cerca de otras zonas de consumo, hay otras actividades que se desarrollan. Sólo en algunas partes del territorio funciona la agricultura, la siembra de soja y maíz en grandes extensiones, que son para mantención de los animales. Estamos próximos al Cordón Verde. En los últimos años hubo un fuerte proceso de urbanización que aumentó la construcción de countries y la densidad de población. Con la UTT tuvimos que generar una ordenanza para que no haya un desplazamiento de los pequeños productores, y el Estado reconozca sus territorios como zona rural. Los productores tienen que decirnos cuáles son sus problemas, qué es lo que les pasa y nosotros debemos resolverlo. Cubrimos las necesidades de los pequeños productores, siempre tratamos de ver cuáles son los planteos. Apoyamos y buscamos los medios.

¿Qué opinás del acuerdo con China para instalar factorías de cerdos en el norte del país?

Hacemos un acuerdo con China y no hablamos con los productores argentinos porcinos para ver si conviene o si se plantea algo diferente. Las decisiones debieran ser en conjunto.

El modelo productivo que plantea China no va. Entendemos que Argentina necesita ingreso de dólares pero hay maneras diferentes, no se resuelve con el confinamiento de cerdos. Después aparecen las enfermedades, es lo que les está pasando a ellos.

En China padecen enfermedades por el modelo productivo que tienen, por eso buscan lugar en otro lado. ¿Por qué no mejoramos la producción individual, por qué no generamos recursos para que los pequeños productores puedan crecer en la producción de cerdos? Beneficiamos a una empresa en vez de a 500 familias productoras.

¿Llevan un registro de los productores que hay en el municipio?

Estamos construyendo ese registro que se vio muy diezmado por la gestión anterior. El objetivo de hacer estos registros tiene que ver con que los productores pasen a formar parte de un sistema productivo.

Queremos formalizar, que dejen de ser anónimos. Eliminamos las trabas que antes tenían. Lo gestionamos a través del municipio de San Vicente. Los acompañamos y ayudamos para que salgan de la clandestinidad y puedan mejorar sus instalaciones.

Durante el aislamiento social, preventivo y obligatorio uno de los primeros problemas que debimos resolver fue garantizarles a los pequeños productores la libre circulación por la zona. La mayoría no estaban registrados, eran marginales. Fuimos a los campos y les entregamos personalmente las declaraciones juradas para que pudieran transitar porque el pueblo estaba cerrado.

¿Qué le aporta a tu gestión el hecho de conocer el territorio?

Saber cuáles son los problemas y tener los objetivos claros para cada una de las producciones. En el caso de los tamberos es esto: cómo hacer para que a los productores se les pueda pagar mejor y cómo hacemos para bajar el costo de un producto como la mozarela. Cómo producir leche en sachet.

Surgió la necesidad de hacer una fábrica procesadora de leche con fabricación de mozarela. Es un proyecto que encaramos con el municipio, el INTA, el Ministerio de Desarrollo Agrario y otras organizaciones. Lo aprobaron. Estamos a punto de abrir. Los precios los van a poner los productores, y no los intermediarios. Esto permitirá que los productores ganen más por su producción y al mismo tiempo el consumidor pueda acceder a un alimento mucho más barato y de mejor calidad.

En San Vicente a veces es difícil conseguir leche porque es un producto que a los productores les resulta mucho más rentable que la masa. Les pagan más. Y los maseros juegan con esto. Si van y no tenés masa es porque vendiste leche y ahí especulan: no te compran. Con la planta de leche los productores van a poder abastecerse y cuando los caminos no estén transitables se dedicarán a producir masa para que la planta haga mozarela. Además de pagar la leche a 40 pesos y acceder a un producto de buena calidad. Lo que nos dan en los supermercados no es leche.

¿Y qué es?

Ya no existe la leche con nata porque la diluyen con agua. Le bajan el tenor graso y las proteínas. Te dicen que está fortificada en calcio, pero de por sí la leche ya tiene calcio. Le sacan la nata porque a mucha gente no le gusta, pero la leche que se consumía antes se hervía, se formaba la nata, se la sacabas y la abuela hacía manteca. Eso no existe más. Debemos garantizar que la leche que producimos es sana y de buena calidad. Si no acompañamos ese proceso no vamos a obtener ningún beneficio. Yo me la paso en el territorio. Eso genera otro tipo de relación con los productores. Junto al INTA y la Comisión de la Agricultura Familiar del SENASA hicimos campañas para que todos los animales estén libres de brucelosis y triquinosis, que es un virus que trasmite la rata a través de los cerdos. Ha habido muertes en la zona a causa de esta enfermedad.

Trabajamos para tener un laboratorio técnico y que el productor pueda acercarse a realizarles a sus animales los análisis gratis y sepa que su producto es sano y seguro.

Hasta el momento hicimos sangrados a 250 vacas que pertenecían a 24 familias para ver su estado. No por ser pequeños productores van a producir con una mala sanidad.

¿Cómo se hace para vivir de la cría de animales de manera agroecológica?

La vaca come pasto y produce leche. Es natural y ecológico. No hay un proceso contaminante. Excepto que se use algún forraje sobre el cual se haya aplicado algún agroquímico.

Demostramos que se puede producir de otra manera, también hablamos de lo que es el bienestar animal. No hablamos de gallinas ponedoras que están encerradas, ponen huevos y uno va sólo a sacar una bandeja. Son gallinas que pastorean, andan en el campo, van solas a poner huevos. No es un sistema intensivo en el cual el animal nace y muere dentro de una jaula.

En la Universidad de Lomas de Zamora, donde estudié y doy clases, armamos un centro de estudiantes donde militamos por formas de producción amigables con la naturaleza y libres de agroquímicos. Ahí tomé contacto con la agroecología, ahí entendí que había otro modelo de producción. A mis alumnos les digo que investiguen y vayan al territorio.

Fuente: UTT

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