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Un pueblo entero vive del turismo

Con 70 habitantes, la localidad de Los Colorados se encuentra emplazada en el sudeste riojano.

“No nos queremos ir del pueblo, queremos hacerlo crecer para generar trabajo”, explica Natalia Perafan, animadora de la Cooperativa de Provisión de Servicios de Turismo El Chacho Limitada y la portavoz de esa comunidad que nació con el ferrocarril a principios del siglo XX y que se niega a tener el destino de las formaciones que no visitan esa estación del Ramal A3, del Ferrocarril Belgrano desde 1990.

El nombre de la Cooperativa tiene raíces profundas. A pocos kilómetros de Los Colorados está la “Cueva del Chacho”, el mirador que servía de refugio el caudillo Ángel Vicente Peñaloza durante las luchas de unitarios y federales en el siglo XIX. Pero la historia del lugar se remonta todavía a épocas más lejanas, precolombinas, cuando los capayanes dejaron impresos sus petroglifos en grandes bloques de piedra roja que forman parte del atractivo turístico que los cooperativistas de Chacho muestran con orgullo desde su creación, en 2012.

La Cooperativa reúne a 12 familias de la comunidad. Ofrecen servicios de guía, cabalgata y comidas. “Buscamos opciones para mejorar la calidad de vida. Hicimos cursos de calefones solares y presentamos un proyecto que aprobaron, hicimos seis calefones y nos faltan dos. Somos los primeros en la provincia que sabemos hacer e instalar los calefones, es otro logro de la cooperativa”, comenta con orgullo Perafan.

Planean acondicionar la vieja estación de ferrocarril como Museo y ofrecer un hospedaje. Pero la pandemia ha paralizado esa actividad. “No hay venta de nada porque nadie entra, no vienen turistas. Hemos recibido subsidios y ayuda de los gobiernos, pero no nos alcanza”, sostiene la cooperativista.

Pero nadie baja los brazos en Los Colorados. Mientras esperan que pasen las dificultades pandémicas, buscan abrir una sala para poder atender la salud de los pobladores y la forma de financiar la construcción de 12 viviendas para que reemplacen las viejas casas realizadas con durmientes y barro que se construyeron cuando llegó el ferrocarril a la zona. Son casas pintorescas, que sorprenden a los visitantes, pero para sus habitantes son peligrosos focos de enfermedades porque las precarias construcciones atraen a insectos como la vinchuca.

Hoy, Los Colorados tiene una dura realidad, pero sus 70 habitantes no piensan en renunciar a su identidad. “Acá la principal actividad es la cría de cabras, hay también algo de ganado bovino, pero las cabras son las que mejor se adaptan a lugares como el nuestro, porque la tierra es muy seca y la poca vegetación que crece es espinosa”, comenta Natalia.

La comunidad de Los Colorados parece mimetizarse con esa tenacidad caprina. Para el censo oficial, sus habitantes son “población rural dispersa”. La unidad colectiva que los mantiene unidos en la comunidad y arraigados a su tierra parece desmentir esa categorización burocrática.

Fuente: Argentina.com.ar.

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