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La evasión de las agroexportadoras con el truco del “aceite mezcla”

La Aduana denunció en mayo a varias compañías. El negocio con aceites mezcla representa el 1% de las exportaciones del complejo, equivalente a u$s 177 millones en lo que va del año.

Donde exista algún gris legal habrá una compañía buscando sacar tajar de la situación para especular y evadirA las maniobras de triangulación que realizan las grandes cerealeras y aceiteras para eludir impuestos en la Argentina se suman distintas prácticas que utilizan empresas de menor envergadura con los mismos fines. No por ser más chicas dejan de ser ingeniosas y juegan al filo de la letra chica. Una maniobra que creció en los últimos meses tiene que ver con la venta de aceites mezcla a países limítrofes, principalmente a Chile.

El curro es hacer pasar aceite puro de soja añadiendo una ínfima parte de algún otro que pueda luego destilarse en destino para que tribute como mezcla. De esta manera, consiguen ventajas impositivas porque el aceite mezcla tiene distintas condiciones arancelarias que el puro o crudo. La Aduana denunció en mayo a varias compañías que quisieron cruzar la frontera con supuesto aceite mezcla, siendo crudo de soja, bajo el delito de “declaración inexacta”. Se trata de un negocio de poca escala, que representa el 1 por ciento de la venta total de aceites del país al exterior.

En los primeros nueve meses del año el sector agroexportador liquidó 25.670 millones de dólares, de los cuales 1771,3 millones correspondieron a aceite de soja, con el 6,9 por ciento del total de ventas al exterior del complejo, según cifras de la cámara aceitera y cerealera (Ciara-CEC). Por fuera de estos números, hay un alto porcentaje que no ingresa al país de la misma manera porque se realizan maniobras para cursar las ventas mediante modalidades que les permite pagar, según estimaciones oficiales de la cartera de Agricultura, casi cinco puntos menos de retenciones.

La exportación de aceites mezclas de dudosa asignación de partida arancelaria con destino Chile distorsionan el mercado de exportación y lo concentran en manos de pocas empresas que, a su vez, generan menores ingresos por divisas si esas mismas exportaciones fueran encausadas por la verdadera partida arancelaria. Varias de esas maniobras de dudosa caracterización incluyen triangulaciones vía empresas offshore (en Uruguay) donde se canalizan los pagos que ingresan a la Argentina a través del mercado paralelo de divisas, infringiendo la Ley Penal Cambiaria.

El principal destino con el que se realizan estas maniobras especulativas es Chile. El país trasandino es el principal destino de nuestras exportaciones de aceite mix con un contenido superior al 99 por ciento soja, pero es un destino inexistente para exportaciones de aceite de soja crudo. Los despachos en destino se decantan y se elimina el componente extra en el aceite y se deja el puro de soja.

Una maniobra que congela

La operatoria con aceite consiste en mezclar 99 por ciento de aceite de soja (que debe tributar una alícuota del 31 por ciento de forma anticipada) con apenas el 1 por ciento e aceite de palmiste o palma (que ni siquiera se produce en el país y debe ser importada). Al declarar una partida de mezcla, la empresa exportadora evita caer en el FOB Oficial (Ley 21.453), que fija el precio internacional sobre el cual calcular el anticipo por retenciones al día anterior a la declaración de venta. En el caso del aceite mezcla el cálculo de retenciones se hace sobre la que informa la empresa exportadora según sus costos, lo que le permite reducir la base imponible y pagar menos. En el caso del palmiste, incluso se descuenta el costo de importación.

En número concretos: si la empresa exporta soja tiene que tributar el 31 por ciento de los 750 dólares del FOB oficial (libre a bordo del barco en el país de origen) , mientras que las empresas por el aceite mezcla están informando un costo FOB de 650 dólares para el mismo cálculo.

La mezcla aparente cambia la posición con el solo efecto de evitar el FOB oficial. Pero, además, la utilización de un mix permite al empresario argentino a postponer el ingreso de divisas hasta sies meses desde el momento de la exportación y a pagar al Estado esas pocas retenciones indebidas hasta en 40 días desde el embarque, mientras que con el nomenclador aduanero correcto debería tributar un 55 por ciento más y abonar el 90 por ciento de esas retenciones al momento de la presentación de la declaración jurada.

¿Por qué se elige el aceite de palma para la mezcla? Se trata de un aceite rico en parafina y por lo tanto más pesado que el de soja. “Es como mezclar aceite y vinagre”, resume un pequeño empresario del sector a este medio. Al arribar el camión a destino, con una carga de 30 toneladas de aceite, se lo deja reposar una horas para que decante el aceite de palma y se abren las canillas para separarlo y así quedarse con el aceite puro de soja a precio de mezcla bajo otra partida aduanera.

Esta maniobra atenta no sólo contra las arcas del Estado, sino que además desalienta completamente la inversión genuina de las pymes y la competencia y la apertura del mercado chileno a exportadoras, ya que, mediante esta maniobra y el menor tributo del aceite, el importador chileno compra el aceite FOB Argentina a 650 dólares cuando el valor FOB Rosario ronda los 750.

La lupa en el contrabando

Hasta mediados de 2019 fue una práctica muy difundida, en la que varias empresas líderes también aprovechaban el curro del aceite mezcla. Sin embargo, en diciembre de 2019 el Gobierno dispuso para aceites de soja y sus mezclas, que tenían un alícuota de derechos de exportación del 18 y 10 por ciento, elevar la retención a 30 y 22 por ciento respectivamente. En mayo último se volvió a modificar y se igualaron ambas en 31 por ciento, lo que desestimuló la ventaja directa, aunque sigan utilizando el mecanismo por las especulaciones en torno a los montos base y los plazos de liquidación e ingreso del impuesto.

A Chile no se exporta aceite de soja crudo como al resto del mundo sino exclusivamente el mix o mezcla, siendo que el país trasandino es un neto importador de proteínas y aceites. Desde 2016 a la fecha, el porcentaje de aceite soja crudo enviado al país vecino pasó de representar el 0,3 por ciento a un 0,02 por ciento. En contraposición, los aceites mezcla con un 99 hasta 95 por ciento de soja pasó de 69 por ciento en 2016 a 78,5 por ciento en 2018. Actualmente representa el 65,7 por ciento.

Lo mismo sucedía con el mix de granos, que se exportaba bajo la denominación de paquete proteico para animales, pero apenas se le incluía un 0,5 o 1 por ciento de otro grano para evitar la retención por el grano de soja puro. Según explicaron desde Agricultura a este medio, eso se cortó hace unos años cuando se modificaron las partidas arancelarias, pero con el aceite mezcla todavía se obtiene una diferencia. Desde la Aduana acercaron la lupa sobre este tipo de operaciones nuevamente. 

“Son montos poco significativos en cuanto al volumen total exportado, pero eso no implica que lo desatendamos”, señaló una fuente oficial. La Aduana en mayo elevó varias denuncias por “declaraciones inexactas”. Se hallaron camiones con destino a Chile que declaraban aceite mezcla pero era puro de soja; es decir, ni siquiera utilizaban la artimaña que el hueco legal les permitía y directamente mentían en la declaración jurada.

Fuente: El Destape

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